¡Él está ahí!

¡Él está ahí!

Querido lector,

La imagen destacada en este artículo corresponde al Sagrario de la Capilla de las Apariciones en Paray Le Monial, Francia. Del lugar donde el Sagrado Corazón de Jesús se mostró y manifestó: «Mi Corazón divino está apasionado de amor por los hombres y por ti en particular…» Toda una declaración de amor, no solo para Santa Margarita María de Alacoque, que se encontraba adorando el Santísimo Sacramento, sino para ti y para mí, para cada hombre y mujer de forma concreta, porque Dios nos propone una relación de corazón a Corazón con Él, una vida nueva unidos por esa especial intimidad, una vida animada por el corazón.

A continuación, paso a mostrarles algo muy especial que no todos los visitantes ven, pues se encuentra por detrás del Sagrario, solo visible a Sus sacerdotes, pero que por una gracia especial ellos nos quisieron mostrar. Fíjense que en la foto superior de este artículo, el Sagrario lo preside la Cruz, que nos recuerda el Sacrificio de nuestra Redención. El lado rugoso del corazón, representa la sangre, y el lado liso, el agua, que brotaron del Corazón traspasado de nuestro Salvador. Pero atención, por detrás…

Encontramos… ¡un corazón roto! Y a través de él se podía ver la Eucaristía.

Me vienen a la mente las palabras de Madre Teresa de Calcuta: «Cuando uno contempla la Cruz, entiende cuánto nos amó Jesús… pero cuando uno contempla La Eucaristía, entiende cuánto nos ama ¡ahora!»

Un corazón roto, roto, roto. ¿Lo entienden?

«He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor, y que no recibe en reconocimiento de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan.”

Les invito a escuchar el programa de «Amaos» que se emitirá mañana lunes 2 de septiembre a las 21:00 horas en Radio María España : «Un amor que da la vida», donde ofreceremos meditaciones desde allí. ¡Les espero!

¡Él está ahí! – decía el Santo Cura de Ars – mirando el tabernáculo.

El día de Santa María Reina visitamos Ars, el pueblo del Santo Cura Juan María Vianney, un humilde y pobre sacerdote que se ha convertido en el patrono de todos los sacerdotes del mundo: «es para todos los países un modelo sin igual, a la vez del cumplimiento del ministerio y de la santidad del ministro.» Juan Pablo II.

«La conciencia de la presencia real de Dios en el Santísimo Sacramento fue quizás una de sus más grandes gracias y una de sus más grandes alegrías.» (Guía del peregrino) Esto le convirtió en un mártir del confesionario, desde las dos o tres horas iniciales… hasta sus últimos años, donde su fama había traspasado las fronteras de Francia, y más de 80.000 personas se acercaron a confesar con él el último año… permanecía hasta 17 horas en el confesionario, solo para reconciliar a los hombres con Dios y entre ellos.

«Inquieto» por su propia salvación y la de los demás. «Su preocupación constante era que cada cual pudiera gustar la alegría de conocer a Dios y de amarlo, y de saber que nos ama…» Adjunto algunas fotos.

Comedor de su casa. Apenas comía.

Su dormitorio. Aquí murió.

En realidad, este hombre santo apenas comía unas patatas cada tres días, pero no permitía a otros fieles esas penitencias, les decía: «Tú no podrías». En verdad, se alimentaba del Amor. Tampoco dormía, durante más de 30 años – de los 41 años que estuvo en Ars – el demonio le atormentaba por las noches. Todo el pueblo escuchaba los golpes, y él decía la verdad: «los asaltos del grappin«, como él llamaba al demonio. «Así como el grappin sirve para arrancar las patatas del medio que les ha permitido dar fruto, igualmente el demonio nos arranca a la vida divina, que es el medio para el que estamos hechos y que nos permitirá ser fecundos.»- explicó un día en su parroquia. Una noche, un joven se quedó con una escopeta para protegerle, pero cuando comenzó el asalto salió corriendo de allí… la escopeta la pude ver, se conserva en la casa museo. Se dice que el demonio le decía: «¿por qué comes tan poco? Si hubiesen dos más como tú, mi reino acabaría.»

 

El 8 de febrero de 1818 preguntó a un niño por el camino para llegar a Ars por primera vez. El joven Antoine Givre se lo indicó. Él contestó: «Me has enseñado el camino de Ars, yo te enseñaré el camino al Cielo

Esta es la misión de nuestros pastores.

Es del todo increíble lo sucedido en esta pequeña aldea de menos de 300 habitantes; se ha convertido en un Santuario mundial al servicio de los sacerdotes. Una llamada a la santidad.

Los habitantes de Ars vivieron milagros, pero el Santo se los achacaba a Santa Filomena, a la que tenía mucha devoción junto con San Juan Bautista, y le abrió una capilla para que le diesen las gracias. Consagró su parroquia a María; «ninguna gracia viene del Cielo sin pasar por las manos de la Virgen», dijo. Escribió los nombres de todos sus fieles y los introdujo en Su Corazón Inmaculado.

A la vuelta de Ars, he leído algunos sermones del Santo Cura… son divertidos, inteligentes, llenos de detalles y claridad. Al ser al más puro estilo de San Juan Bautista, alguno podría no verlos para nuestros días, pero «bien sabían los vecinos de Ars que era el amor el único móvil de las indignaciones de su párroco, y no un amor cualquiera, sino más fiel y sacrificado que el de un padre.» p.Llovera.

Me gustó mucho un testimonio que nos dieron allí, pero no recuerdo el nombre del protagonista ahora, no importa. Se trataba de un sacerdote con prestigio que tuvo que hablar en Ars tras la fama de santidad del Cura de Ars… entonces, sonriendo dijo: ¿saben ustedes en qué se diferencia la predicación de un santo del que no lo es? Cuando predica alguien que no es santo, la gente le alaba a él: «qué bonito», «qué bien dicho», «qué interesante»…

Cuando predica un Santo, la gente dice: «¡qué bueno es Dios!». Y se convierte.

«La sola felicidad que tengamos sobre la tierra sea amar a Dios y de saber que Dios nos ama.» San Juan M. Vianney. Esto nos pidió el Corazón de Jesús, a través de Santa Margarita: «Al menos tú, ámame

 

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