FELIZ DOMINGO DE GAUDETE

FELIZ DOMINGO DE GAUDETE

     

El Evangelio de este domingo nos dice que Juan Bautista está en la cárcel, y allí le
llegan noticias de Jesús. Y eso que le cuentan le deja perplejo, desconcertado. Este Jesús
no responde al Mesías que él esperaba.

Efectivamente, Juan había hablado de «siega«, de cosecha: el Mesías meterá la hoz
en los campos del mundo y todas la malas hierbas las echará al fuego. Y ahora le cuentan
que Jesús no habla de siega sino de siembra y de que hay que tener paciencia si junto a la
semilla crece también la cizaña.

Juan esperaba al Mesías con el bieldo en la mano, dispuesto a barrer a los enemigos,
a separar tajantemente a los buenos de los malos. Y ahora le cuentan que Jesús, por el
contrario, acoge a todos, participa en comidas con los publicanos y pecadores, (y deja caer
que el juicio va a quedar en suspenso hasta el fin), y dice que él no ha venido a separar
sino a reunir a los hombres dispersos y divididos.
Juan se imaginaba a Jesús con el hacha para talar, en la raíz, todos los árboles
malos, que no dan fruto. Y Jesús, al contrario, habla de paciencia y de perdón.
En estas circunstancias a Juan le asalta la duda y le mandó a preguntar:

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

La respuesta de Jesús no es teórica, sino muy concreta: «Id y anunciad a Juan lo que
estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios
y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena noticia…»

Jesús responde con sus obras, muy humanas : aliviar penas, acoger a los pobres, curar a los
enfermos, reconciliar y dar la paz. Así manifiesta su identidad de Salvador, con obras: es
Alguien que anuncia y encarna en su vida a un Dios que es compasivo y misericordioso.

Y termina su respuesta con una afirmación todavía más desconcertante: «Y ¡dichoso
el que no se siente defraudado por mí!«. Lo dice porque sabe que sus palabras, y sobre
todo su conducta, pueden decepcionar a quienes están esperando un Mesías poderoso que
acabe con los malos, castigándolos sin piedad.

En Adviento se nos invita a acoger a Dios que viene, pero un Dios «distinto«.
Distinto de nuestras ideas, de nuestros esquemas, de nuestras imágenes habituales. En este
tiempo de Adviento hemos de purificar nuestra idea de Dios.
También hoy muchos hombres nos preguntan por Dios y por Jesús. Nuestra
respuesta no puede ser teórica. Hemos de ofrecer signos de esperanza, los signos
ofrecidos por Jesús: enfermos que recuperan el ánimo y la salud, excluidos que son
acogidos, pecadores que reciben la paz y el perdón, parados a quienes se les proporciona
un puesto de trabajo, jóvenes a quienes se les ofrecen puestos de trabajo, inocentes a
quienes se les abre la puerta de la vida…

En la segunda lectura se nos ha dicho: “Fortaleced las manos débiles, robusteced
las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a
vuestro Dios…

Buen programa espiritual de adviento: las manos se debilitan cuando sólo recogen,
pero no dan, no estrechan otras manos; las rodillas se robustecen si se postran en
adoración; y finalmente es necesario fortalecer el corazón cobarde que no se arriesga a
amar generosa y gratuitamente.

Julio García Velasco

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