Vosotros sois la luz del mundo

Vosotros sois la luz del mundo

Querido lector,

Qué lejos está el hombre de ser la luz que Cristo le pide ser, porque para eso ha de purificar su corazón.
Tener un corazón puro.

No nos extrañe, que los sufrimientos y circunstancias adversas de la vida vengan en nuestra ayuda, porque estamos llenos de sombras, muy faltos de purificación. Y si esta no se produce gracias a nuestra colaboración sincera, donde nos dejamos hacer, pues Aquel que desea nuestro bien y nuestra salvación eterna, nos tendrá que pegar un empujón, aunque duela.

«Vosotros sois la luz del mundo». (Mt 5,14)

¡Qué afirmación tan poderosa! Porque los cristianos bautizados estamos injertados en Cristo y llamados a ser «su luz».
Vivimos un momento histórico singular que debe ser interpretado también dentro de la Providencia amorosa de Dios.
La Santísima Virgen manifestó al p. Gobbi a través de locuciones interiores el 7 de junio de 1986 lo siguiente:

«En estos tiempos, todos necesitáis correr al refugio seguro de mi Corazón Inmaculado, porque graves peligros de males os amenazan.

Son ante todo males de orden espiritual, que pueden dañar la vida sobrenatural de vuestras almas. El pecado se extiende como la peor y más perniciosa de las epidemias, y lleva a todas partes la enfermedad y la muerte a muchísimas almas. Si vivís habitualmente en pecado mortal, estáis espiritualmente muertos; y si llegáis al término de vuestra existencia en ese estado, os aguarda la muerte eterna en el infierno. El infierno existe, es eterno, y hoy muchos corren el peligro de caer en él, por estar contagiados por esa enfermedad mortal.

Hay males de orden físico, como enfermedades, desgracias, accidentes, sequías, terremotos, males incurables que se propagan. También en esto que sucede en el orden natural, ved una señal de aviso para vosotros. Debéis ver una señal de la Justicia Divina, que no puede dejar impunes los innumerables delitos que se cometen cada día.

Hay males de orden social, como la división y el odio, el hambre y la pobreza, la explotación y la esclavitud, la violencia, el terrorismo y la guerra.

Para protegeros de estos males, os invito a guareceros en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.»

Nuestra Madre nos llama a vivir nuestra consagración a su Inmaculado Corazón y ser luz con el amor de Su Corazón. El combate espiritual es muy fuerte y, si somos cristianos de «brazos caídos», no ayudamos. Cada día es mayor el odio, la división, la discordia, el egoísmo desenfrenado y la violencia. La lujuria y la corrupción asolan los corazones. Y muchos «buenos» se encuentran tan afligidos que primero han de ser sanados. ¿Cómo ayudarnos hoy? Cuidemos todas las dimensiones de la persona:

1.- La espiritual: viviendo en gracia de Dios. Confesión sacramental frecuente, solo la sangre de Cristo repara y fortalece. Después, dos pilares: la Adoración Eucarística y el Santo Rosario. Disciplina espiritual, para mantener la unión con Dios, darle el culto debido, pedir su consuelo y protección, combatir y vencer las tentaciones del enemigo de nuestras almas y caminar alegres.

2.- La mental: cuidando los pensamientos. Muchas veces ver la televisión es dejar que el enemigo siembre en nuestras almas semillas del mal. Vigila lo que piensas, porque crecerá. Ten pensamientos alegres y luminosos, esperanzados. Entrega tus preocupaciones a Dios. Cultiva tus dones.

3.- La física: cuida tu alimentación y descanso. Sal a caminar o haz deporte. Mantén un equilibrio.

4.- La humana: somos seres relacionales. Dijo Dios: «No es bueno que el hombre esté solo». A lo que siempre añado yo: ¡ni mal acompañado! Dios nunca se equivoca. Esta pandemia nos está separando y hay que ser prudentes y reponsables. Pero tenemos muchos medios para querernos, no nos dejemos solos y seamos primero nosotros esas buenas compañías que nos gustaría tener.

En la pirámide dimensional humana, nuestra parte espiritual es el organismo superior a todos, el vértice, y se manifiesta en la voluntad que ha de estar regida por la caridad, y en la inteligencia iluminada por la fe. Así, poco a poco, se ordenan el resto de las facultades humanas.

¡Cuidaos mucho!

Se avecinan nuevas purificaciones a la vista, pues además de la pandemia mundial que sufrimos,  los datos económicos son demoledores, entre otras cosas. Hoy, más que nunca, Dios espera un acto humilde de nuestro corazón. Nos espera. No será el hombre, que es el que está herido en su interior y origina todos los problemas, el que nos saque de ellos. Necesitamos a Dios.

«La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a mi Misericordia«, dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska. (Diario 300)

Ojalá lleguemos a tiempo. Cada uno de nosotros, con su conversión, es capaz de grandes cosas.

Dios es la Verdad y lo ha dicho: «Vosotros sois… ¡la luz del mundo!«.

1 Comentario

  1. ¡¡Cuánta razón y qué práctico!!

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