Sabiduría

Sabiduría

Querido lector,

Deseo de corazón que esté navegando por estos días veraniegos con salud y paz interior. Desde hace unos días me ronda una palabra: «sabiduría«, así que la he traído para meditar juntos. Si nos paramos a reflexionar un poco, que en cierto modo es a lo que nos obliga esta situación de pandemia mundial, ¿qué piensa usted?:

¿Somos los hombres y mujeres cada vez más sabios?

¿O hemos abandonado la búsqueda de la sabiduría como don superior?

Da la impresión de que los seres humanos somos cada día más débiles en nuestra voluntad e inteligencia, que estamos más sujetos a todo tipo de pasiones y distracciones, que nos hemos desanimado ante el esfuerzo y sus resultados, que nuestras metas son frágiles e inconstantes, que nos come la necesidad de gratificaciones inmediatas, que nos falta fe, no ya solo en Dios, sino incluso en nosotros mismos como humanidad, que terminamos justificando lo injustificable con tal de cubrir nuestra incapacidad de crecer y de ser mejores, que en gran parte somos destructivos y egoístas, cuando no indolentes, que nos hemos rendido ante tantas cosas que no están bien como si todo diese igual. ¿Qué nos pasa?

Nunca como hoy la mentira se ha adueñado del mundo.

Somos cada día más pobres como personas, menos sabios.

Hoy os invito a dejar por un momento las pantallas, o a valeros de ellas, con un fin: volver a la Palabra de Dios antes de que sea demasiado tarde. Todo está escrito en la Sagrada Escritura. «La sabiduría la adquiere el letrado en el tiempo que está libre de los negocios; y el que tiene pocas ocupaciones la adquirirá«, dice el Eclesiastés. Qué privilegio el tiempo de verano. Es decir, que necesitamos tiempo para Dios, para estar solo con Él. Y el tiempo es finito, limitado. ¿Qué hacemos con el tiempo libre?

Quizás no tenemos siquiera la paz necesaria para centrarnos, pero descentrados, ¿a dónde vamos?

Vivimos muchas inquietudes por la incertidumbre actual, hemos de estar informados, cuidarnos, trabajar. España ha entrado en recesión. Y tenemos todo tipo de problemas personales, algunos muy serios. Cierto. Pero la verdad es que muchas de las noticias que nos alcanzan no hacen bien a nuestra alma y, sin sabiduría, no habrá discernimiento ni te dirigirás bien. «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura». (Mt 6,33)

Os invito a comenzar meditando el libro de los Proverbios, el primero de los cinco de la Sagrada Escritura que se llaman Sapienciales. Está repleto de lecciones de sabiduría para arreglar nuestra vida.

«¡Oh, varones!, a vosotros es a quienes estoy continuamente clamando, y a vosotros todos, hijos de los hombres, dirijo mis palabras. Aprended, hombres incautos, la prudencia, y estadme atentos, vosotros necios. Escuchad, porque yo voy a hablar de cosas grandes, y van a abrirse mis labios para anunciar la justicia. Publicará mi boca la verdad que he estado meditando, y mis labios abominarán la impiedad. Justos son todos mis discursos; no hay en ellos cosa torcida ni perversa; son rectos para aquellos que tienen inteligencia, y fáciles para los que han hallado la ciencia. Recibid mis instrucciones, con mayor gusto que si recibieseis dinero; anteponed al oro la ciencia; puesto que vale más la sabiduría que todas las joyas preciosísimas, y nada de cuanto puede apetecerse es comparable con ella«.

(Prov. 8, 4-11)

A su vez, el libro de la Sabiduría nos indica que esta misma está al alcance de todos los hombres, pero nos advierte que se debe amar intensamente y que la sabiduría hay que pedirla con corazón humilde.

«Sentid bien del Señor, y buscadle con sencillez de corazón; porque los que no le tientan le hallan, y se manifiesta a aquellos que en él confían. Pues los pensamientos perversos apartan de Dios; cuyo poder puesto a prueba redarguye a los necios. Así es, que no entrará en alma maligna la sabiduría, ni habitará en el cuerpo sometido al pecado; porque el Espíritu Santo, que la enseña, huye de las ficciones, y se aparta de los pensamientos desatinados, y se ofenderá de la iniquidad que sobrevenga». (Sab 1, 1-5)

Más claro, el agua. La Sagrada Escritura distingue entre sabios y necios, que no lo digo yo. Y, siendo Dios la misma Sabiduría, concede su don a quien quiere, normalmente, no a los «sabios» según los criterios humanos que dominan este confuso y, a menudo, tan desatinado mundo.

Escrito está por qué.

«En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
– «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
– «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»» (Lc 10, 21-24)

Si tenemos en cuenta – por los signos de los tiempos – que nos estamos preparando para la Segunda Venida de Nuestro Señor en Gloria, sea cuando Dios quiera que sea, pues solo el Padre sabe el día y la hora, tiempo es de ser sabios y no necios. Se preparan las bodas del Cordero, el Esposo vendrá a por su esposa, la Iglesia.

No seamos como esas vírgenes necias que no tenían sus lámparas preparadas porque estaban despreocupadas, como nos cuenta la parábola del evangelio de San Mateo 25, 1-13. Seamos más bien como las otras que eran sabias, y por lo tanto habían sido prudentes, estaban listas en cualquier momento para salir a recibir al esposo. «¡Ya está aquí el esposo, salid a su encuentro!». Las necias no pudieron entrar porque se cerró la puerta.

Él respondió: «En verdad os digo que no os conozco». (Mt 25, 12)

«Vigilad, pues, porque no sabéis el día ni la hora«. (Mt 25,13)

 

 

 

4 Comentarios

  1. ¿Somos los hombres y mujeres cada vez más sabios?

    ¿O hemos abandonado la búsqueda de la sabiduría como don superior?

    Hola Cynthia, me suelo hacer estas preguntas en muchas ocasiones y pido ser dócil al Espíritu Santo y no despistarme, gracias una vez más por acercarme a esta meditación.

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    • Hola Rosa,
      Gracias por tu comentario. Hacernos estas preguntas es muy bueno y, sobre todo, saber que no estamos solas para contestarlas.
      Buscando permanentemente el rostro de Dios, alcanzamos una luz muy superior a la nuestra. Bendiciones.

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  2. «Nunca como hoy la mentira se ha adueñado del mundo».
    «Somos cada día más pobres como personas».
    Son palabras muy duras. El hombre de hoy vive sujeto a la mentira. El hombre actual es un pobre espiritual, socialmente, como cónyuge, como padre o madre… como maestro.
    Pero en todo esto habrá una causa. No somos genéticamente engañados, ni somos pobres como personas, por herencia.
    El hombre de hoy vive en una sociedad sin Dios, pero a la vez dominada por fuerzas que le llevan al mal. El demonio, según Jesús es el padre de la mentira.
    Es verdad. Nosotros esperamos la venida de Jesucristo, como dijeron los Ángeles en su Ascensión al Cielo. Pero antes de esa venida gloriosa, visible, Jesús reinará en la Tierra y habrá un larguísimo periodo de paz, el hombre será feliz… Esto lo dice la Biblia innumerables veces, lo dice el Concilio y el Catecismo de la Iglesia Católica. Dios prepara unos Cielos nuevos y una Tierra nueva donde habitará la justicia.
    La sabiduría que hoy le falta a la humanidad, llenará la Tierra, porque todos los hombres estarán llenos del conocimiento de Dios.

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    • Querido José Antonio,
      Gracias por tu comentario. «Sabemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto hasta que sea liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios». (Rom 8, 21-22) Es nuestra esperanza. Mientras, invoquemos con frencuencia la asistencia del Espíritu Santo desde el Corazón Inmaculado de María al que nos hemos consagrado, que nos permite partipar de las primicias de la vida divina. Bendiciones.

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