Queridas Almas de Dios,

Nos encontramos otra semana más juntas y espero que, si Dios quiere, sean muchas más.

El Reto de esta semana era orar en lo más hondo de nuestro corazón, y preguntarle a Nuestro Señor una serie de preguntas, voy a intentar ir contestándolas desde mi punto de vista pero me encantaría recibir respuestas por parte vuestra, ya que esta misión es una unión de almas en un mismo espíritu.

Bueno, sin más rodeos, comienzo:

 ¿Cuál es mi misión en este carrusel de Obras de Misericordia?

Simplemente ayudar y servir a toda persona alejada del Amor de Dios, Nuestro Papa Francisco dijo el pasado 7 de Diciembre de 2014 en la Ciudad del Vaticano que “Hoy se necesitan personas que sean testigos de la misericordia y de la ternura de Dios” seguidamente la Liturgia de ese mismo día presenta un mensaje lleno de Esperanza, es la invitación del Señor expresada por boca del profeta Isaías: “ Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios” (40,1) Isaías se dirige a gente que ha pasado por un período oscuro, que ha sufrido una prueba muy dura; pero ahora ha llegado el tiempo de la consolación.

La tristeza y el miedo pueden dejar lugar a la alegría, porque el Señor mismo guiará a su pueblo en el camino de la liberación y la salvación. ¿Cómo se hará todo esto? Con el cuidado y la ternura de un pastor que cuida de su rebaño. De hecho, Él dará unidad y seguridad al rebaño, lo hará pastar, reunirá en su redil seguro a las ovejas dispersas, prestará especial atención a las más frágiles y débiles (v.11).

Esta es la actitud de Dios hacia nosotros sus criaturas. De ahí que el profeta invita a quien le escucha –incluyéndonos a nosotros, hoy—a difundir entre el pueblo este mensaje de esperanza. El mensaje es que el Señor nos consuela, y dejar espacio al consuelo que viene del Señor. ¿Qué mejor es consolar en nuestra misión a  aquellas personas que Nuestro Señor nos regale a lo largo de nuestra vida?

¿En qué puedo ser yo útil para mis hermanos? En tantísimas cosas que no podríamos dejar de enumerarlas, no hace falta hacer grandes cosas, simplemente hacer pequeñas cosas pero con mucho Amor.

Por ejemplo, este verano pasado recuerdo que fui a comprar a un supermercado y cuando salí de él eran pasadas las 14:00 h. Había quedado con mi marido para comer y debía llevar la compra para preparar la comida.

El caso es que, a unos dos metros, vi a una abuela con dos bolsas en sus manos, yo me dije: Madre Mía del Alma – si yo apenas puedo conmigo misma debido a este calor – me suele ocurrir que en verano  me baja la tensión y no valgo nada – pues imagínate a esta abuela, como debe andar. A pesar de mi timidez me atreví a preguntarle si necesitaba ayuda, y en un principio me miró con cara rara, pero de bondad, y seguidamente me confirmó que sí. Debo reconocer que yo pensé que su casa se encontraba a pocos metros, le cogí las bolsas y dije: ¿hacia dónde vamos? Y me contestó: tenemos que atravesar la calle y este jardín, mi casa está enfrente en el 4º piso, la abuela sufría por mí, no estaba acostumbrada a esta pequeña obra de caridad que hizo Nuestro Señor a través mía, y yo sufría por la abuela, ya que se preocupaba en exceso por el peso de las bolsas.

Me dijo que solo había salido a por unos yogures pero que finalmente terminó comprando alguna cosita más para aprovechar el viaje. Lo que más me impresionó fue que apenas podía caminar, y había tenido que hacer ese gran esfuerzo para poder comprar, y por último bajar y subir cuatro pisos sin ascensor. Yo subí acelerada por la prisa que llevaba, y le dejé las bolsas en su rellano. Cuando bajé, ella iba todavía por el primer piso, y desde entonces me pregunto: ¿es que no vivirá cerca de ella un alma de Dios que tenga huecos de horario a lo largo de la semana para poder comprarle esos yogures o pequeñas compras que suele realizar sola?

Nuestros abuelos de hoy en día necesitan nuestra ayuda, muchos de ellos se encuentran solos, no tienen compañía familiar, ni siquiera la de una acompañante que les ayude en sus labores domésticas.

¿En qué obra de Misericordia podría yo identificarme?

En cualquiera que sientas gozo pleno en tu corazón. Para identificarla solamente debes hablar con Dios en bajo o en alto, y pedirle que te regale esa obra para la que tú estás destinado. Hay tantas obras diferentes, pero cada uno a su vez también tiene diferentes dones para poder llevarla a cabo. Puede ocurrir que tardes poco o mucho tiempo en descubrirla, incluso que llegues a pensar en por qué piensas el comenzar y querer hacer esa obra en concreto; muchas veces nos habla el espíritu Santo, nos invita a hacer el bien y nosotros nos resistimos, unas veces porque ignoramos que es obra del espíritu y otras porque no tenemos la confianza plena en nosotros mismos de que realmente podemos llevarlo a cabo, eso sí, siempre con la ayuda de Jesús y de María, pero finalmente, Dios a través de su infinita Misericordia nos habla en la oración y nos confirma el llevarla a cabo.

¿Dónde me llamas Dios Mío?

Dios me llama al Amor, a la Paz, a la Alegría a través de mi servicio a mi familia (sobre todo a intentar llevar un diálogo en paz con aquel hermano con el que no me llevo nada bien desde hace años), a mis vecinos (sobre todo con mi vecina de arriba con la que tengo esas peleas continuas porque me tira agua por la galería, porque hace mucho ruido o porque pega portazos y no nos deja dormir), a mis compañeros de trabajo (sobre todo con aquella que te hace la vida difícil), a mis amigos de toda la vida ( sobre todo por aquella amiga con la que he descuidado mi relación, ya sea personal o por teléfono) a los amigos que tengo recientemente (sobre todo con aquel con el que he tenido una bronca, por causa de un mal día en mi trabajo), a mis profesores (sobre todo porque me intentan educar y yo no me dejo enseñar por nadie), a mis compañeros de estudio (sobre todo por aquel que es más empollón que yo, y me cae fatal)…etc. No olvidemos que la Misericordia de Dios comienza por nosotros mismos para poder trasladarla a los demás, el profeta Isaías dice que no podemos ser mensajeros de la consolación de Dios si nosotros primero no experimentamos la alegría de ser consolados y amados por Él.

Cuando permanecemos en la oración silenciosa en su presencia, cuando nos encontramos con Él en la Eucaristía o en el Sacramento del Perdón. Todo esto nos consuela.

Muchas situaciones requieren nuestro testimonio consolador. Ser personas alegres, consoladas. Pienso en aquellos que están oprimidos por sufrimientos, injusticias y abusos; en los que son esclavos del dinero, del poder, del éxito, de la mundanidad. Pobrecillos. Tienen consuelos falsos. No el verdadero consuelo del Señor. Todos estamos llamados a consolar a nuestros hermanos, testimoniando que sólo Dios puede eliminar las causas de los dramas existenciales y espirituales. ¡Él puede hacerlo! ¡Es poderoso!

Yo quiero ser fiel siervo tuyo Señor. No dispongo de apenas tiempo, pero mi corazón arde en servirte Señor ¿podrías encontrarme alguna obra a mi medida?

Todos disponemos de poco tiempo en esta vida tan ajetreada, ya sean por nuestras cargas familiares, laborales…etc, el caso es que puede ocurrir que efectivamente no sea el momento de comenzar esa obra de Misericordia tan esperada y querida, lo mismo nos necesita nuestra familia mucho más.

Puede también ocurrir que dispongamos de una o dos tardes libres a la semana, inclusive que no dispongas de tiempo para salir de casa pero que cuentes con una o dos horas semanales en casa. Pues una vez que comencemos a enumerar esas obras de misericordia puedes ir adaptándolas según tus horarios y dones.

Desde hace tiempo, me gustaría visitar enfermos ¿Dónde podría ir y con quién? Podría ir a cualquier casa u hospital donde se encuentre esa persona enferma, se intentará que se encuentre cerca de nuestros domicilios, ya que hay tantísimos enfermos cerca de nosotros que apenas sabemos que existen, puede que sea algún familiar nuestro o una persona que no conozcas de nada, no hace falta tener experiencia de visitador de enfermos, sí un pequeño corazón lleno de Amor que podamos regalar en cada visita. En muchas ocasiones no hace falta apenas hablar, ellos nos cuentan su vida, sus batallas, son como niños, agradecen tanto esa visita que se les refleja en el rostro. En otras ocasiones, habrá que intentar consolarlos; conocer sus gustos, su música, para tratar de complacerle en la siguiente visita. Si llevamos móvil, se la podemos poner suave, conociendo sus necesidades para agradarle lo máximo posible, pensemos que es Jesús o María.

Padre, si me bajo del carrusel cuando lleve poco tiempo, ¿quedaría mal para ti y mis hermanos?

Para nada quedarías mal, se trata de ayudar cuando Dios disponga, si hoy puedes ayudar, ayudas. Si mañana no puedes por el motivo X, pues no ayudas. Hay muchas personas que por la crisis económica han tenido que dejar de ayudar económicamente a congregaciones religiosas, y yo les suelo decir que Dios lo ve todo, que cuando han podido ayudar lo han hecho, pues maravilloso, pero ahora deben  dejarse querer también, Dios lo sabe todo y no quiere verles preocupados, ya que lo que cuenta es que han tenido y siguen teniendo un gran corazón y su intención.

Nos vemos la semana que viene con más información… Hasta pronto, mil almas de Dios.

Merche,

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