El tiempo del Espíritu Santo

El tiempo del Espíritu Santo

Querido lector, Caminamos hacia Pentecostés en estos últimos días del mes de mayo. Ayer comenzó el Decenario al Espíritu Santo y hoy da inicio su Novena. El fin de todas estas oraciones, que se nos invita a hacer, no es otro que invocar su presencia para que Él mismo nos prepare para el gran día. Sin embargo, no se puede empezar la casa por el tejado. Lo curioso es que, aún hoy, encontramos a mucha gente que nos pregunta: ¿qué es el Espíritu Santo? Un amigo mío me llegó a decir: ¿te refieres al símbolo ese de la palomica? Sé que da risa… pero es que mucha gente solo conoce las representaciones que de Él se han mostrado en la Biblia: como el fuego, el agua, … y, sí, ¡la paloma! Pero no saben de qué estamos hablando. Imaginaos su reacción si les ponemos delante la Novena o el Decenario ¡sin que sepan nada! El Espíritu Santo es el gran desconocido. Y no es un qué sino un quién. El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad. Recordamos: un solo Dios, pero tres divinas personas. Por lo tanto, ¡es Dios! Y el gran reto es conocerle, porque esta divina persona es la encargada de la magnífica obra de nuestra santificación. Y aún más, ¡no obra sin nosotros! Hemos de conocerla para corresponder a sus divinas mociones. Conocer al Espíritu Santo es apasionante. Os recomiendo un libro: En la Escuela del Espíritu Santo, todo un clásico que merece la pena tener en casa, del Padre Jacques Philippe. «La vía más corta para santificarse es la fidelidad a las...
La resurrección de los vivos

La resurrección de los vivos

Querido lector, ¡Santa y Feliz Pascua de Resurrección! He querido comenzar con un poco de alegría este Domingo de Resurrección, en la Palabra de Dios que nos acompaña: «Alegraos» «No temáis». ¿Qué esperanza guardaría el ser humano si Jesús no hubiese resucitado? Aquel que escuchó con el corazón la Vigilia Pascual pudo entenderlo todo; como dijo el Papa Francisco, no se trata de un optimismo superficial, sino de vivir la esperanza como don. La fe, la esperanza y la caridad son virtudes teologales porque proceden del mismo Dios y siempre van juntas. No cerremos el corazón, ¡pidámoslas! También os recomiendo meditar la Homilía completa del p. Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, en la pasada celebración de la Pasión del Señor, de la que destacaré estas palabras aunque es para enmarcar completa: «Dios no es el enemigo: «tengo proyectos de paz y no de aflicción». Jesús llora y sufre como todo padre o madre, nos avergonzaremos cuando lo descubramos. Pero Dios permite que la libertad humana siga su camino, sirviendo a sus planes de salvación. Dios va a sacar del mismo mal, el bien. La pandemia: 1.- Nos ha hecho caer en la verdad: nos ha despertado del peligro de caer en la ilusión de la omnipotencia. 2.- Ha creado un sentimiento mayor de solidaridad: los hombres de todas las naciones se sienten ahora unidos, iguales. Nos hemos olvidado de los muros, el virus no conoce fronteras. Tantos horrores, muertes, no han de ser en vano. ¡No debemos volver atrás! Sino emplear mejor los recursos a lo importante, por ejemplo: la salud. 3.- Nos levantaremos del sepulcro de nuestras...
VIERNES SANTO 2020

VIERNES SANTO 2020

Querido lector, Esta mañana hemos asistido por videoconferencia a una Charla que el p. Andrés González, responsable nacional del MSM, nos ha impartido sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Señor. Me ha parecido sobresaliente, por lo poco habitual que es escuchar hablar desde este enfoque, así que paso a compartiros algunas reflexiones: «Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. El cual, teniendo la forma de Dios, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y, en su condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.» (Filipenses 2, 5-8) Así dictaba la carta de San Pablo con la que nos ha introducido en la realidad de que todos somos tentados por el demonio. Cuanto más cerca de Dios, más tentaciones. El demonio aparece hasta 72 veces citado en el Nuevo Testamento. Jesús viene a destruir este poder, pero Él no toma ninguna decisión sin consultar al Padre. Todos los santos y místicos coinciden en que Jesús, como hombre, fue tentado y en que su mayor momento de dolor fue durante su Oración en el Huerto de Getsemaní. Podemos imaginar la tentación de Satanás: «¿para qué vas a morir por los demás?», y le mostraría nuestra ingratitud y falta de correspondencia, nuestra tibieza y la inutilidad de su sufrimiento. Sus discípulos están dormidos. Satanás se ha desatado y le sugiere la inutilidad de todo lo que hace. ¿Cómo responde? Jesús dice NO al tentador, pero sin dialogar con él. Durante la...
EN LA TRIBULACIÓN

EN LA TRIBULACIÓN

Querido lector, Tenía pendiente escribir unas líneas sobre la Cuaresma y aquí están, cómo no, condicionadas por la situación de alerta en la que nos encontramos a causa de un virus, de origen desconcertante y siniestro para nosotros, inmersos en una pandemia global. ¿Cómo no tener miedo? Sería ignorar la seriedad del asunto. Sin embargo, el miedo – además de bajar las defensas del sistema inmune y bloquear bastante – no procede de Dios. Conviene entregárselo, ponerlo bajo su Cruz y transformarlo en una operación responsable. Tratemos de mirar con el corazón, más allá de los ojos cansados y terrenos: con los ojos limpios de la fe. Algo que os recomiendo, es leer las dos columnas que sobre la palabra calamidad encontramos en el León-Dufour, vocabulario de teología bíblica, pues interpreta esta palabra a la luz de la Sagrada Escritura. Ahora que estamos recogidos en casa, tenemos tiempo para profundizar en nuestra fe, ¿no? Y justo en eso consiste la Cuaresma. Recordemos: Cuaresma, tiempo de oración, ayuno y penitencia, que desde el Miércoles de Ceniza nos presenta un camino de 40 días hacia el Triduo Pascual. Es curioso, este año, la penitencia y en cierto modo el ayuno, no los elegimos nosotros sino que nos vienen dados. Aceptémoslo con amor, obediencia y serenidad de espíritu. Y, ¿la oración? Jesús nos enseñó a orar con insistencia en la parábola del amigo que importuna a media noche (Lc 11, 5-13). Él mismo hizo eso al sufrir su agonía de Getsemaní: «En medio de su angustia, oraba con más insistencia.» (Lc 22, 43) Y, ¿para qué necesitamos todo esto? ¡Para convertirnos!, porque no se trata de prácticas...
AMAR AL PADRE

AMAR AL PADRE

Querido lector, Una de mis últimas lecturas ha sido «Despertar al Asombro», de D. Manuel Ordeig, y la recomiendo, porque está escrita desde el amor y con profundidad, consigue sacudir al lector de la tibieza que siempre reina cuando se instala la monotonía y la repetición. Existen realidades, que por vivirlas desde el don de la fe, no dejan de ser menos ciertas…y ahondar en ellas no puede dejar indiferente la vida de nadie. Deslumbran. ¿Vivimos en la repetición o deslumbrados? Cada uno que se conteste a sí mismo. Dentro de este librito, a mí me tocó mucho el corazón cuando el autor habla de nuestra filiación divina, porque somos hijos de Dios, y para ello, nos muestra el gran amor de Jesús al Padre. Lo reconozco… me emocioné. Siempre hablamos del gran amor que Jesús nos tiene, para que – siendo Dios e inocente – se dejase clavar voluntariamente en la Cruz, por nosotros, concretando: por ti y por mí. Pero… ¿y su amor por el Padre? ¿Qué ejemplo nos dejó? «En la intimidad de la Última Cena, reunido con sus Apóstoles, Jesús dejó escapar este anhelo desde lo profundo de su ser: ´es necesario – dijo – que el mundo conozca que yo amo al Padre`. (Jn 14,31)» «Lo primero que nos enseña Jesucristo al venir a la tierra – con su vida más que con palabras – es a ser hijos. Seguir a nuestro Modelo supone ahondar en el significado de esa filiación.» «La inteligencia fracasa al intentar comprender a Dios. Sin embargo, el amor a Jesucristo nos permite apoderarnos de Dios de otro modo; una...
Propósito de Año Nuevo

Propósito de Año Nuevo

Querido lector, Comienza este año 2020, tan «redondo», con muchos problemas que aflijen al mundo y que inquietan nuestro corazón. En la mayoría de los casos, se deben al pecado del hombre: mentira, soberbia, ira, egoísmo,… entre otros. El pecado siempre afecta en primer lugar al que lo comete que, lo sepa o no, se convierte en una «víctima», de ahí el famoso refrán: «En el pecado va la penitencia«, y es que vienen con factura. Pero el pecado también afecta al prójimo: hiere, rompe la paz, impone injusticias, … Por ejemplo, la mentira – que como dice el Catecismo de la Iglesia Católica – es una verdadera violencia hecha a otro. Atenta contra él en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión. Contiene en germen la división de los #espíritus y todos los males que esta suscita. La mentira es funesta para toda sociedad: socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales» (n. 2486) No hablemos de política en España, ¿verdad? Pero es que, además, el pecado hiere en lo más íntimo al Corazón de Dios, Ternura inefable, porque supone el rechazo en nuestra libertad a Su Ley de Amor. Todo esto genera un duro combate que el mundo no quiere reconocer. Los cristianos sabemos por la Revelación que todos los hombres arrastramos una herida interior a causa del pecado original, que confiere al Mal un cierto dominio sobre el hombre, aunque este permanezca libre. Para ayudarnos a sanar esta herida, vino Jesús. ¡Para redimirnos! «Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal,...