Querido lector,

El pasado viernes 25 de febrero 2022 me invitaron a colaborar en el coloquio: “El papel de los medios de comunicación en la evangelización”, dentro de las XXI Jornadas Internacionales de Caridad y Voluntariado que organiza la Universidad Católica “San Antonio” de Murcia. Me acompañaron mis muy estimados: Carmen Guardia, la periodista que moderó, y Jorge Rodríguez, subdirector en Popular TV RM. Este último nos compartió muchas anécdotas interesantes de la trayectoria en este medio de comunicación.

Mi presentación la titulé: “La comunicación crea la realidad“.
Como no se grabó, algunas personas que no pudieron asistir me han pedido que os escriba un resumen.

Pues bien: me parece que lo primero que tenemos que reconocer como evidencia es que cuando de algo no tenemos información… simplemente no existe. “Los medios de comunicación nos dicen, literalmente, no lo que tenemos que pensar sobre las cosas – fijaos – sino las cosas en las que tenemos que pensar y, así, la influencia es aún mayor, puesto que actúa directamente sobre la construcción de nuestras cogniciones, de nuestras ideas de realidad”.

Me pregunto si el hecho fundamental de conocer que tenemos el poder de cambiar la realidad con nuestros procesos informativos nos servirá de algo. La información conecta el pensamiento y la comunicación, y se manifiesta en tres ámbitos: intrapersonal, interpersonal y masivo. La primera información – la intrapersonal – reside en nuestro pensamiento, en el diálogo que mantenemos con nosotros mismos (y con Dios) y de ahí se exporta al exterior, al diálogo interpersonal. Además, “la información es exponencial en su poder determinante“; a través de las neuronas espejo se produce un efecto contagio. De modo que, la violencia en los medios genera violencia en la realidad y, justamente a la inversa, una información generosa, justa, positiva, pacífica y creativa desarrolla una fuerza constructiva.

Todo esto es debido a la estructura proyectiva de nuestra mente. “Aquello que alimenta nuestra imaginación – que es la loca de la casa (como decía Santa Teresa de Jesús) – termina por materializarse en la vida cotidiana.”

Me recuerda una conversación que tuve con un conocido; él se quejaba de que a los niños en las escuelas les hablasen de personajes como Napoleón Bonaparte – ¡eran asesinos! – decía, y con razón.- No son esas las vidas que deberían enseñar a nuestros hijos. Hoy no existen aquellos otros genios con vidas extraordinarias de los que no se habla y no hay información. Alguien decidió por nosotros en qué teníamos que pensar. Lo mismo sucede en las localidades donde se impone la intransigencia.

Urge revisar por completo los sistemas educativos y didácticos de la infancia. Y, de esto, algunos se han dado cuenta. Por ejemplo, nuestros políticos actuales: acaban de introducir la perspectiva de género en prácticamente todas las materias de primaria, (todas menos Lengua Extranjera). Es el concepto que más se repite. Aparece hasta en 8 ocasiones en la asignatura de Matemáticas (por ejemplo: valoración de la contribución de la geometría al conocimiento humano, desde una perspectiva de género). En Educación Física aparece 17 veces o en Conocimiento del Medio hasta 20 veces. Tremendo. Todo esto mientras miramos hacia “otra parte”. Pero una reforma de la educación profunda sólo dará frutos a largo plazo, y ¡no tenemos un modelo común!

“Toda la estructura de la vida es ésta: una sola cosa cambia el todo”.

Pero, he aquí LA CLAVE“Toda comunicación, si es eficaz, es intra, interpersonal y colectiva al mismo tiempo“.

Nosotros somos hijos de Dios y sabemos que la Santísima Trinidad es comunión perfecta de tres personas. Dios uno y trino, que es Amor. Está continuamente comunicándose. ¡Y nosotros también! Porque todo en nosotros comunica. Incluso ¡aunque no queramos comunicar! Siempre estamos comunicando: por lo que somos, por lo que hacemos o dejamos de hacer.

Tened esto siempre en cuenta: donde hay Amor, está Dios. Donde hay amor, hay buena comunicación. La comunicación habita en nuestro interior. Somos relación. Por eso la comunicación no puede ser unidireccional.

Estamos profundamente conectados. Nos influyen e influimos en miles de personas a diario. ¿Sabíais que “los amigos de nuestros amigos”, incluso sin conocerlos, nos influyen a través del contagio de emociones por las neuronas espejo? ¡Qué poderosa influencia tienen sobre nosotros los que nos rodean! Además, a la mayoría de las personas lo que les interesa es influir. La comunicación no son solo palabras.

Pero la comunicación de hoy ¡es líquida! Comunicarse más – como está sucediendo- no es comunicarse mejor. Asistimos a un déficit de significación y relato, como forma de pensamiento, y a una compulsión de la comunicación; una dependencia de la puesta en común, de los likes, de gustar a todos, que puede afectar al cultivo de la autonomía y responsabilidad. Lo importante de fondo: no perder la oportunidad de tejer el relato.

Cuidado también con el yo egocéntrico, ¡no vemos lo egoístas que podemos llegar a ser! Como decía Gandhi: “un cambio en lo general requiere un cambio en lo particular”. Poco podremos hacer y mejorar en la comunicación, si no empezamos por nosotros mismos.

Para nosotros, en tanto que somos comunicadores – y todos lo somos – nuestro deseo es iluminar la realidad, pero, primer problema: si no tenemos la LUZ no iluminamos. Segundo problema: si tenemos la luz y no la comunicamos, tampoco iluminamos. Y esto es peor. Porque, si los que tienen la luz no iluminan… ¿ quién iluminará? Nadie. Y la oscuridad se disfrazará de luz para guiar interesadamente. “Yo soy la Luz del mundo”, nos dice Jesús. Y quien cree en Mí, no andará en tinieblas. Necesitamos ser encendidos por la Luz de Jesús. Y, una vez encendidos, no escondernos, ¡sino iluminar! Una luz encendida ha de iluminar. Si no, ¿para qué sirve? El Amor antes, durante y después. “Permaneced en mi Amor”, nos dice Dios. El Amor no camina solo, y la unidad es síntoma de vida. Es un camino ¡precioso! Bendecido, si no nos comunicamos a nosotros mismos, sino a Quien nos envía. Sin orgullo, sin vanagloria, arrogancia, frivolidad… ¡con humildad! ¡en Espíritu y en Verdad!

Evitando esas 4 tentaciones o actitudes que, nos dice el Papa Francisco, nos atrapan y sobre las que hay que vigilar, que son: la desinformación, la calumnia, la difamación y la coprofilia (el amor a las cosas sucias, como los escándalos). El Papa Francisco considera que, superando esos 4 límites o actitudes malas, la comunicación es algo maravilloso. Un comunicador que examine siempre de no caer en estos 4 defectos, es ¡un flor de comunicador!

También os recomiendo que meditéis los mensajes del Papa Francisco para las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales. El año pasado nos invitaba a comunicar contrastando las noticia in situ y este año nos ha invitado a escuchar con los oídos del corazón.

Por lo tanto, recordad que sin una buena comunicación intrapersonal no seremos eficaces en la comunicación interpersonal y masiva. El primer trabajo es con uno mismo y con Dios. Ahí entra el sano optimismo cristiano, que es la esperanza. Ésta, además de hacernos sentir mejor, permite un pensamiento más flexible, innovador y creativo. Si nosotros no estamos bien, no podemos hacer nada. Por eso hay que cuidar las palabras y gestos que tenemos con las personas a nuestro alrededor. Fijaos en algo importante: ¡qué fácil es comunicar cuando amamos! Cuando separamos los hechos y sucesos de las personas, de lo que es en sí el ser humano cuya vida es sagrada. Cuánto es el pecado estructural que nos invade: egoísmos, faltas de amor – hay un desamor tremendo, una auténtica emergencia emocional – guerras por ambición y luchas de poder, ansias de lucro y de placer a costa de los seres humanos –incluso de los no nacidos- …odios, divisiones, envidias, orgullos y soberbias, arrogancias fruto de creernos más y mejores que los demás, de un excesivo amor propio…etc… “Alma mía, ¿ qué tienes que no hayas recibido?” Es ridículo.

Es mucho el pecado estructural que nos invade porque es mucho el pecado personal que tenemos.

No nos confesamos, no pedimos perdón a Dios y tratamos de mejorar. No nos hemos convertido, no aceptamos la Ley del Amor de Dios. Por lo tanto, no hay justicia: que es darle a cada uno lo que le es debido. Y mientras no haya justicia, no puede haber Paz. Falta Paz en nuestros corazones, falta Paz en nuestras familias, falta Paz en nuestra sociedad… Y falta confianza en el prójimo, porque ya no nos fiamos ni de nosotros mismos.

Cuando a las personas las amamos de verdad, las miramos desde el Corazón de Jesús, las miramos con Él, desde sus mismos ojos… ¡Y vemos cómo todo cambia! Pero es una mirada desde el corazón.

Por eso, yo me pregunto, antes de comunicar: ¿los amo? o ¿me amo?

2 Comentarios

  1. Una preciosa observación. La del corazón. Hágase en mí. Importa la calidad, no la cantidad. Gracias Cynthia

  2. Uy, leo algo muy hermoso, que me sobrepasa. Siempre he sido incapaz de explicar un cuadro, aunque me encante, una sinfonia, aunque abra todos los poros de mi alma, no sé ni siquiera definir las cualidades que yo siento, de las flores, de un elegante cervatillo. Pero están ahí, en mi corazón, aunque no pueda hablar de ellas.
    De este discurso me llama mucho la atención, su recurso al amor, algo tan del alma, que apenas entra como tema de cualquier asignatura. Tengo dos hijos maestros, les preguntaré si en sus clases se habla del amor verdadero en todas sus facetas humanas.

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