¿Qué quieres hoy de mí, Jesús?

¿Qué quieres hoy de mí, Jesús?

Querido lector, Comienzo este artículo compartiendo una pregunta en voz alta, que suelo hacerle cada día al Señor en mi corazón, pero que, quizás hecha así, os pueda servir para meditar con Él. Cuando me dirijo a Jesús pienso siempre, en primer lugar, en quién es. A quién me dirijo. Él es el Altísimo. El principio y el fin. El alfa y la omega. Por quien todo fue creado. Quien se hizo hombre por mí. Que padeció por mí. Mi salvador y mi rey. Wow! Es la cita más importante del día. «Señor, nadie te supera. Qué pequeña me siento». Después, me hago consciente de su inmenso amor por mí. Da igual la hora, el momento. Me sondea y me conoce. De sobra sabe cuáles serán mis sendas. Cuando me acerco, ya me espera. «¿A dónde podré ir lejos de tu rostro, Señor?» Me sonrojo. Y creo que una sonrisa cómplice surge en mi cara. Me siento amada. Muy amada. Y no es que no tenga contratiempos, es que en todos ellos le veo. De inmediato me encuentro sumergida en el amor de su Corazón. Y todo lo que le iba a decir se queda en nada… un átomo frente a Él. Aún así, me ha dado una inteligencia, un entendimiento para dialogar mentalmente. Aunque donde de verdad le gusta responder es al corazón. Y al final, terminas ensimismada. ¿Dónde se ha visto tanta belleza? ¿Y paz? Contemplemos nuestro entorno, si hay algo parecido: ¿Quién te recibe siempre así? Con perdón, sin quejas, comprensivo, amable, lleno de cariño, sanando todo. Las preocupaciones vuelan, porque el ratito que te sumerges...