Se encontraron el Amor y el pecado

Se encontraron el Amor y el pecado

Querido lector, Comienza la Semana Santa: «Santa» porque está dedicada o consagrada a Dios. Es por esto, que como «ser humano racional» trato de pararme a pensar: ¿qué estoy celebrando? El solo hecho de hacer silencio y pensar, buscando simplemente «la verdad», ilumina el discernimiento. Si no es así, queda uno arrastrado al tumulto masivo, a lo que toque, a lo que sea… como si cada minuto de nuestra vida diese lo mismo. Comienza una semana consagrada a Dios que también luce en la religiosidad popular, pero esta – como nos indica el Catecismo (1676) – también necesita del discernimiento pastoral que la sostenga, apoye y, llegado el caso, purifique y rectifique el sentido religioso de estas devociones para hacerlas progresar en el conocimiento del Misterio de Cristo. ¡Y he aquí lo más apasionante! ¡Una semana de gracia para progresar en el conocimiento del Misterio de Cristo! El Catecismo también nos educa sobre la Santificación de las Fiestas animando al cese de aquellos trabajos y actividades que nos impidan dar culto a Dios. Tiempo de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación, que favorece el crecimiento de la vida interior y cristiana. Moderación y caridad. «La Cruz de Jesús es la palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo». Papa Francisco. Si hay algo que meditar estos días es precisamente esta afirmación. Cristo, que no tenía pecado, asume las consecuencias del pecado de los hombres. Su soledad ante nuestra insensibilidad. Libre y conscientemente dispone de su vida. Cristo realiza la obra de la Redención del hombre a través del sufrimiento, de la agonía y de...