RESUCITAR

RESUCITAR

Querido lector, ¡Feliz Pascua! ¡Jesús vive! Pero… ¿y nosotros? Porque Aquel que resucitó se quedó para darnos vida, «vida en abundancia» (Jn 10,10) Deberíamos resucitar con Jesús ¡ya aquí y ahora! ¿Qué nos falta? Vivir en la verdad. La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse veraz en los propios actos y en decir verdad en nuestras palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía. (Cat.2468) «Los hombres (…) no podrían vivir juntos si no tuvieran confianza recíproca, es decir, si no se manifestasen la verdad.» La virtud de la veracidad da justamente al prójimo lo que le es debido; observa un justo medio entre lo que debe ser expresado y lo que debe ser guardado: implica la honradez y la discreción. En justicia, «un hombre debe honestamente a otro la manifestación de la verdad.» (Cat. 2469) El discípulo de Cristo acepta «vivir en la verdad». (Cat 2470) Parece obvio y no creo que haya que ahondar en lo que sucede cuando esto no es así, cuando se falta a la verdad, porque se falta a la justicia, se atenta contra la dignidad del otro y se ofende a Dios. En general, se falta por «otros intereses» que nos producen un beneficio a corto plazo, pero que siempre terminan suponiendo un alto coste, especialmente para el que se aleja de la verdad, porque se aleja de Dios, faltando así, a su propia dignidad. ¿Qué es la verdad? – Siempre habrá quien pregunte esto, como hizo Poncio Pilato cuando compareció ante él Jesús. Nuestro Señor había dicho: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz»...
Semana Santa 2017

Semana Santa 2017

Querido lector, Mañana es viernes de Dolores; nos preparamos para vivir intensamente la Semana Santa. Y así, me decido a escribir estas pequeñas líneas con todo el amor que soy capaz, para animaros y desde ya, centrarnos en el sentido de lo que celebramos, tratando de ahondar en la Pasión de Cristo con el mínimo de distracciones posibles. Vivir la Pasión, para después celebrar la Pascua. Nada da igual. En un par de conversaciones de estos días de Cuaresma, una con adolescentes, otra con unos profesionales de medicina, anduvimos comentando «el relativismo» encajado hoy en las estructuras sociales, es decir, para que nos entendamos, ese «todo vale» que a muchos nos sorprende. Y nos preguntamos: ¿es que da igual que hablemos o no? ¿da igual estudiar o no? ¿da igual pararte a saludar o dejar de hacerlo? Cada uno que se examine a sí mismo. Os lo diré: no, no da igual. Todo acto tiene consecuencias, o dicho de otro modo: ninguno de nuestros actos deja de tener consecuencias. La aceptación del relativismo, no solo tiene inferencia según nuestra fe, es que se carga la misma Ética – que es una ciencia, rama de la filosofía – que comenzó al menos 400 años antes de la venida de Jesucristo, cuando pensadores como Sócrates se planteaban: ¿qué es el bien? ¿qué es la virtud? ¿qué es la justicia? en la búsqueda de un criterio de autoridad razonada para la plenitud de vida humana. Hace unos años, me sucedió algo curioso que os voy a contar por si os resulta de alguna ayuda. Estaba en casa con el portátil y sin...
El Clamor

El Clamor

“EL CLAMOR”    Éxodo 3, 7 Dijo Yahveh: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco su sufrimiento. He bajado para librarlo…   Damos un buen salto, dejando atrás seguro no pocos pasajes interesantes para el tema que nos ocupa; abandonamos todo el libro del Génesis – con las maravillosas historias de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob entre otras – para ir al siguiente libro, el Éxodo. Pero ante la imposibilidad de abarcarlo todo, me centro en aquellos pasajes que más resuenan en mi corazón. Este es el pasaje número uno en este sentido: estas palabras me acompañan desde hace más de 30 años, resonando dentro de mí: «la aflicción de mi pueblo… he escuchado su clamor…» Son como el punto de inflexión, Dios ha tomado una decisión, acaba una etapa y comienza algo nuevo, impresionante, decisivo y determinante, de una trascendencia sin comparación, es una nueva era. Es el anuncio de una decisión irrevocable de Dios, el largo camino hacia la libertad ha sido puesto en marcha; suenan las trompetas, comienza la aventura, es sencillamente un momento fantástico. La escena se sitúa en las faldas del monte Horeb, la montaña sagrada más conocida por Sinaí. Hasta allí ha llegado Moisés – que es el gran protagonista de la primera parte de la Biblia – después de huir de Egipto se ha establecido en Madián, se ha casado con Séfora, tiene un hijo y trabaja como pastor de ovejas. Un día llegó con las ovejas cerca de esta montaña y contempló un caso curioso,...