ESTE PUEBLO ME HONRA CON LOS LABIOS, PERO…

ESTE PUEBLO ME HONRA CON LOS LABIOS, PERO…

   En el artículo anterior contemplamos como en «el encuentro» con el Amor de Dios, se fundamenta toda Misericordia, es ese encuentro el que nos aporta la sensibilidad necesaria para reconocer: ¡Queda tanto por hacer! Y con esta idea me animo a continuar. Puedo tener la tentación de creer que al reflexionar sobre la Misericordia, estoy siendo misericordioso. Podría ser, pero sin duda sería pretencioso, es muy probable que en vez de ayudar a nadie con estas reflexiones, en realidad solo esté haciendo perder el tiempo a quien las lea. Esto son cosas que tal vez nunca sepa en esta vida, pero se me dirán en la otra. De igual manera pasa con muchísimas de las cosas que hacemos, podemos sentirnos defraudados pensando que no hemos conseguido nada, o al contrario, pensar que hemos realizado una acción maravillosa, cuando en realidad desconocemos el alcance de nuestras obras, los frutos de lo que hacemos caen muy a menudo en el ámbito del misterio. Un misterio que forma parte de lo maravilloso de esta vida, ya que nos aporta trascendencia, nos dirige hacia el más allá donde todo tendrá sentido y al fin: ¡conoceremos la verdad! Por tanto, lo importante es la actitud, sobre la cual tenemos cierta capacidad de discernir, no los resultados. Mi querida Madre Teresa decía que lo que importa no es el éxito sino la fidelidad. Y cuando pienso en ello no puedo apartar de mí la autocrítica y me pregunto: ¿he sido fiel? ¿Cuál es mi actitud? Bueno, pues no pienso responder aquí, porque me da vergüenza. Pero lo que puedo hacer es una crítica como...