La meditación cristiana

La meditación cristiana

      Algunas veces cuando hablamos de meditación hay quien identifica esto con la religiosidad oriental como el budismo o con algunos de los grupos de la nueva era. Hay también quien entiende por meditación sólo un estilo de vida, una búsqueda de serenidad y quietud para vivir con más armonía en medio de nuestra dispersión. Meditación se asocia con términos como mindfullness, silencio, paz interior y otros, en el sentido de una espiritualidad laica y universal. Y no son pocos los que buscan esto, pues no han encontrado respuesta en nuestro contexto católico, tan centrado algunas veces en tradiciones, ritos, y preceptos morales. Buscan un modo de pacificación interior que les ayude a encontrarse consigo mismos, tal vez, después de no pocas frustraciones o desengaños. Buscan un silencio que les libere de algunas palabras engañosas. (Jr 7,4) Entre algunos católicos existe una clara prevención ante la palabra “meditación”, y trazan rápidamente una frontera. Parecen más preocupados por la exterioridad de formas religiosas y el peso social de éstas que por crecer espiritualmente desde una interioridad.  No saben o se olvidan que la “meditación” es necesaria para acoger el Reino de Dios en medio de nosotros. Y esto es así desde el inicio de la primera misión de la Iglesia, cuando Jesús mandó a los setenta y dos discípulos de dos en dos. (Lc 10,1-9) Estos discípulos, después de hablar de Jesús y de manifestar los signos del Reino entre la gente, debían decir: “El Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Y la acogida de este Reino que ha llegado sólo es posible comenzando por nuestro corazón...
Amar al Amor

Amar al Amor

Jesús preguntó a los doce: –¿También vosotros queréis marcharos? Simón Pedro le respondió: -Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios. Si hubiésemos estado en el momento en que tuvo lugar esta escena recogida en el Evangelio de San Juan (Jn 6, 67-69), habríamos podido ver la mirada que Nuestro Señor posó en cada uno de los Doce: no sólo en sus rostros, sino, sobre todo, en sus corazones. Pues Dios sondea los corazones y conoce lo que hay en el interior de cada uno. Como en tantas otras ocasiones, el Señor buscaba con esas palabras una respuesta personal en cada uno de ellos, respetando su libertad: no en vano, momentos antes, muchos de los discípulos que iban con Él lo habían abandonado porque juzgaban que la doctrina que les enseñaba era “inadmisible”. Aquí tendríamos un buen punto de reflexión para nuestra vida cristiana. Estas palabras también nos las dirige a nosotros, al fondo de nuestro corazón: ¿hasta qué punto llega nuestro amor por Él?…o, planteado de otro modo, ¿hasta qué punto se ha enfriado nuestro amor por Él? Como San Pedro, también nosotros debemos tener claros los motivos para confiar en Él, para esperar en Él, para amarle con un corazón decidido y agradecido. Pero para tener claros los motivos, es necesario responder antes la cuestión decisiva que Nuestro Señor les formuló en otra ocasión: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mt 16,15). Aquí está la raíz de la que dependerá la solidez y la fecundidad de nuestra vida cristiana: otra piedra de toque para...
ESTE PUEBLO ME HONRA CON LOS LABIOS, PERO…

ESTE PUEBLO ME HONRA CON LOS LABIOS, PERO…

   En el artículo anterior contemplamos como en «el encuentro» con el Amor de Dios, se fundamenta toda Misericordia, es ese encuentro el que nos aporta la sensibilidad necesaria para reconocer: ¡Queda tanto por hacer! Y con esta idea me animo a continuar. Puedo tener la tentación de creer que al reflexionar sobre la Misericordia, estoy siendo misericordioso. Podría ser, pero sin duda sería pretencioso, es muy probable que en vez de ayudar a nadie con estas reflexiones, en realidad solo esté haciendo perder el tiempo a quien las lea. Esto son cosas que tal vez nunca sepa en esta vida, pero se me dirán en la otra. De igual manera pasa con muchísimas de las cosas que hacemos, podemos sentirnos defraudados pensando que no hemos conseguido nada, o al contrario, pensar que hemos realizado una acción maravillosa, cuando en realidad desconocemos el alcance de nuestras obras, los frutos de lo que hacemos caen muy a menudo en el ámbito del misterio. Un misterio que forma parte de lo maravilloso de esta vida, ya que nos aporta trascendencia, nos dirige hacia el más allá donde todo tendrá sentido y al fin: ¡conoceremos la verdad! Por tanto, lo importante es la actitud, sobre la cual tenemos cierta capacidad de discernir, no los resultados. Mi querida Madre Teresa decía que lo que importa no es el éxito sino la fidelidad. Y cuando pienso en ello no puedo apartar de mí la autocrítica y me pregunto: ¿he sido fiel? ¿Cuál es mi actitud? Bueno, pues no pienso responder aquí, porque me da vergüenza. Pero lo que puedo hacer es una crítica como...
El Amor Eucarístico

El Amor Eucarístico

Querido lector, Sobre cómo me enamoré de la Eucaristía, no sabría decirlo, pero lo hice. Me enamoré con pasión. Ahora sé que todo lo hace Él, quizás conocedor de mi debilidad… y de que necesitaba un motivo lo suficientemente fuerte como para mantenerme fiel: me lo dio. Por Amor. Y porque en mi hondo deseo de que Él fuese real, me humillé lo suficiente como para dejarme rescatar. Ahí os dejo mi pobre interpretación. Pero mi encuentro con Nuestro Señor fue tan real como que ahora mismo os escribo: el martes santo del año 2014, en la Santa Misa de las 19:30 horas de la Catedral de Murcia, durante la Consagración eucarística. El día más feliz de mi vida. Esta semana – a través de mi sacerdote – me pidieron dar testimonio y hablar de la eucaristía. Esto me motivó a buscar las palabras de Jesús, para que no fuesen las mías. Así que, filtré todas las revelaciones que Él hizo a Santa Faustina Kowalska y que le pidió que ella recogiese para nosotros en su Diario. ¡Son impresionantes! Al unirlas todas, ofrecían una reflexión eucarística sencilla, evidente, pero de Altura. (1447) Oh, cuánto me duele que muy rara vez las almas se unan a Mí en la Santa Comunión. Hago un paréntesis sobre este punto (1447) del Diario, porque continúa. ¡Me sorprendió tanto! Aquí me dije: ´pero entonces… ¿qué estamos haciendo cuando comulgamos?` ´¿cómo podemos hacer otras cosas si fallamos en lo principal: ¡nuestra unión con Cristo!?`Aquí pensé mucho más, pero lo guardo para mí. El párrafo (1447) prosigue: Espero a las almas y ellas son indiferentes a...