El Poder de una Bendición

El Poder de una Bendición

1. La bendición sacerdotal   El sacerdote de la mano negra La mística austríaca María Simma (1915-2004) afirmaba tener encuentros con almas del Purgatorio; estas, según ella, le suplicaban que transmitiese a sus seres más allegados sus necesidades, consistentes con frecuencia en misas y actos de desagravio moral o incluso monetario. Dado que los datos aportados por los supuestos difuntos se ajustaban con precisión a secretos de familia y hechos confidenciales imposibles de conocer por personas ajenas a los mismos; y, puesto que esta vidente jamás reclamó ningún beneficio económico a cambio de sus singulares servicios, los destinatarios de los mensajes aceptaban como auténticos estos contactos ultraterrenos. De modo que, durante muchos años, María Simma gozó de gran prestigio en Austria y en Alemania como vidente fidedigna de almas en pena. Entre las ánimas que más la impresionaron, destacó una figura de aire abatido  y ademán doliente que, a juzgar por su vestidura, había sido sacerdote en su vida terrena. Su mano derecha estaba tan negra que parecía carbonizada. Conmovida, María le preguntó: —¿Por qué tienes tan negra la mano? —Porque debí bendecir más —respondió lastimeramente la visión de ultratumba—. Di a cuantos sacerdotes encuentres que deben bendecir más, mucho más: en sus bendiciones hay una poderosa fuerza que proviene de lo Alto y ahuyenta las fuerzas del mal. Este don solo lo poseen los sacerdotes y quienes viven en permanente estado de gracia.   Las misteriosas Fuerzas del Mal Una funesta inclinación al mal parece sellar como signo indeleble la contradictoria naturaleza humana. Es un hecho avalado por la Historia de todas las edades y de todos los...