La dignidad insobornable de un cristiano

La dignidad insobornable de un cristiano

Leí con agrado la semblanza que Fernando Díaz de Cortázar hace en ABC sobre Luis Lucía el domingo pasado. Fundador y presidente de la Derecha Regional Valenciana y diputado en Cortes por Valencia en las elecciones de noviembre de 1933 y febrero de 1936. Sus posiciones fueron modificándose paulatinamente hacia la aceptación de las formas de participación democrática y, finalmente, de defensa firme de la República como modelo de convivencia. Fundó con José María Gil-Robles la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) siendo vicepresidente de la misma. Por un breve periodo fue ministro, en dos ocasiones, ambas en la cartera de Comunicaciones: la primera con el gobierno que se constituyó el 6 de mayo de 1935, con Alejandro Lerroux de presidente del Consejo, y la segunda con el gobierno del 21 de septiembre de 1935, bajo la presidencia de Joaquín Chapaprieta. Con el tiempo, las posiciones de Gil-Robles y Lucia se fueron distanciando, huyendo Luis Lucia del excesivo personalismo de aquel. Dice el historiador Hilari Raguer que «en los momentos más críticos (octubre de 1934, febrero de 1936) Luis Lucia ejerció un influjo moderador sobre el irascible y apasionado Gil-Robles». Durante la campaña electoral de febrero de 1936, Lucia se esforzó por moderar los impulsos autoritarios de Gil-Robles y en tender puentes con los republicanos conservadores de Maura. Pero lo que destaco de Luis Lucía es su profunda fe cristiana, que le llevó a defender los valores del espíritu sin dejarse sobornar por cantos de sirena de cualquier color. Cortázar cita estas palabras de Luís Lucía, que no han perdido actualidad en el momento presente: “Estamos en la hora...