SOMOS CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU

SOMOS CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU

        La Biblia dice que Dios nos ha creado con un cuerpo, un alma y un espíritu. Somos una unidad carnal o corporal que nos envuelve y nos expresa, y en la Biblia se dice con la palabra “carne” (basar). Somos también una unidad anímica que nos mueve, y se dice con las palabras “alma” (nefes) y “corazón” (leb). Y somos finalmente una unidad espiritual que nos fortalece y se dice con la palabra “espíritu” (ruaj). Si la carne nos une con los animales y el espíritu nos eleva a Dios, el centro del ser humano es el corazón que escucha, razona, medita, y decide. El nefes está también en el centro, y lo traducimos habitualmente por “alma” (lo que anima) y expresa a la persona necesitada, que busca, que se mueve, que ansía porque siente y necesita. A veces nos confundimos, pues este nefes no es exactamente el alma espiritual (Mt 10,28), sino simplemente un elemento anímico que nos empuja a sobrevivir. Dios nos creó como un “nefes viviente” (Gn2,7), y sin el nefes morimos: no comemos, no nos movemos, no buscamos sobrevivir. Este nefes es el alma sufriente y atribulada que busca y ansía la salvación, como leemos en los Salmos (Sal 6), pero por sí solo el nefes no puede encontrar el modo humano de vivir. Veamos en un esquema nuestros tres elementos expresados en cuatro componentes. Es lo que yo llamo el triángulo de la interioridad, porque para desarrollar nuestra humanidad tenemos que seguir el camino hasta el espíritu, hasta lo más profundo de nosotros mismos. Estos cuatro componentes (carne, alma, corazón y espíritu) definen...
En Espíritu y verdad

En Espíritu y verdad

Querido lector, Hace poco explicaba el papa Francisco, cómo Jesús no le pedía al Padre ´que seamos felices` o cosas así… sino ´nuestra unidad`. (Jn 13,35) Y lo deja bien claro: > También San Pablo exhorta a la unidad, en nombre del Señor, y nos explica cómo llevamos el mismo Espíritu aunque distintos sean los dones, como distintas son las partes del cuerpo. Cada uno de nosotros tiene una función. Pero, como dice el Salmo: >. Así que, todo cristiano está llamado a trabajar por la unidad desde el amor y la caridad, cuidando las intenciones rectas de su corazón. La soberbia es la que separa; el orgullo, la vanidad, y el resto de intenciones – muy humanas, sí – pero que a menudo, por egoístas, nos salen muy torcidas y nos distancian. Lo peor es que hemos permitido que habiten en nosotros demasiado tiempo; listos y aventajados. Y no. Afortunadamente, para Dios, fuente de toda dignidad, el ser humano no vale por lo que hace o tiene, sino por lo que es. La única manera de vencer es examinarse uno mismo, y vivir con sencillez y humildad. Como María. Cada vez que lo bueno, lo bello, lo justo vence en tu corazón, ¡es Cristo quien vence en ti! Merece la pena. Recuerda que > (Jn 13,1) Hoy, bien nos podríamos unir con Santa Faustina, cuando dice:...