Tesoro Escondido

Tesoro Escondido

Querido lector, «El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido…» (Mt 13,44) Este verano comenzamos «Viaje al Corazón de Jesús» que pueden leer en los artículos previos de esta columna «Mi Fe», pero lo que ha sucedido es muy grande, porque hemos descubierto algo importante: ¡no se puede viajar al Corazón de Jesús y salir de allí! ¿Qué ha sucedido? Sin duda, nuestro viaje inicial era físico por sus desplazamientos, pero terminó abarcando todas las dimensiones de la persona; psíquico, en cuanto al conocimiento, cultura y razón, espiritual en cuanto al vértice superior que movía nuestra voluntad, porque deseábamos vivirlo con toda la pasión del alma, a corazón abierto. ¡Cristo es pasión! Advertencia a los lectores: si continúan leyendo este artículo asumen el riesgo cierto de terminar atrapados en el Corazón de Cristo. Tras la advertencia, prosigo. ¿Conocen al p. Bernardo de Hoyos? Les confieso que yo hasta hace «cuatro días», como quien dice, tampoco le conocía. Me dan ganas de llorar. ¡Ay, qué triste! No solo hay que encontrar el Tesoro Escondido, sino a los que nos llevan a él. He ahí el p. Hoyos, el gran místico español del S.XVIII, un muchacho de 20 años elegido para: «dar a conocer y extender por toda España la devoción y el culto al Corazón de Jesucristo». Era el 3 de mayo de 1733 cuando el joven se ofreció ante el Corazón de Jesús para cooperar en cuanto pudiese a la extensión de su culto. El Señor le contesta al día siguiente y así lo escribe él mismo en su Diario: «…adorando la mañana siguiente al Señor...