Una embajadora de Medjugorje en Cartagena

Una embajadora de Medjugorje en Cartagena

Sor Emmanuel, cronista de los acontecimientos de Medjugorje y fiel apóstol de la Virgen, honró con su visita la histórica ciudad de Cartagena. Nos obsequió con una conferencia en la iglesia parroquial de San Antonio María Claret, el domingo 17 del presente mes de septiembre, coincidiendo con la celebración de las Fiestas de Cartagineses y Romanos. Con su laconismo y sobriedad habituales, embelesó a un auditorio sediento de la espiritualidad de Medjugorje. Nos expuso, tras una lúcida reflexión sobre la Eucaristía, uno de tantos frutos silenciosos de Medjugorje, desapercibidos en el mundo, pero de hondo calado en las almas. Un fruto que ejemplifica una vez más el poder del Santo Rosario. El convento carmelitano “Carmen Alto”, de Quito (Ecuador), languidecía a causa de la avanzada edad de las monjas y una sequía de vocaciones tan pertinaz que hubo de cerrarse el noviciado. La madre María Elena del Corazón de Jesús, priora del convento, había oído hablar de las apariciones de Medjugorje, iniciadas hacía tres años. Cuando su amiga Sor Luicela, religiosa italiana de la comunidad de las Doroteas, le anunció que partía como peregrina a Medjugorje, concibió un atisbo de esperanza. Escribió una carta a la Virgen y se la confió a Sor Luicela para hacerla llegar a manos de alguno de los videntes, pues se había extendido la voz de que Nuestra Señora atendía personalmente estas rogativas con tal solicitud que, con harta frecuencia, otorgaba respuestas individuales a los peticionarios cuando estos oraban con corazón sincero. Sor Luicela no logró contactar personalmente con ningún vidente, pero asistió a una aparición pública de la Virgen, que dio este mensaje:...
El Poder de una Bendición

El Poder de una Bendición

1. La bendición sacerdotal   El sacerdote de la mano negra La mística austríaca María Simma (1915-2004) afirmaba tener encuentros con almas del Purgatorio; estas, según ella, le suplicaban que transmitiese a sus seres más allegados sus necesidades, consistentes con frecuencia en misas y actos de desagravio moral o incluso monetario. Dado que los datos aportados por los supuestos difuntos se ajustaban con precisión a secretos de familia y hechos confidenciales imposibles de conocer por personas ajenas a los mismos; y, puesto que esta vidente jamás reclamó ningún beneficio económico a cambio de sus singulares servicios, los destinatarios de los mensajes aceptaban como auténticos estos contactos ultraterrenos. De modo que, durante muchos años, María Simma gozó de gran prestigio en Austria y en Alemania como vidente fidedigna de almas en pena. Entre las ánimas que más la impresionaron, destacó una figura de aire abatido  y ademán doliente que, a juzgar por su vestidura, había sido sacerdote en su vida terrena. Su mano derecha estaba tan negra que parecía carbonizada. Conmovida, María le preguntó: —¿Por qué tienes tan negra la mano? —Porque debí bendecir más —respondió lastimeramente la visión de ultratumba—. Di a cuantos sacerdotes encuentres que deben bendecir más, mucho más: en sus bendiciones hay una poderosa fuerza que proviene de lo Alto y ahuyenta las fuerzas del mal. Este don solo lo poseen los sacerdotes y quienes viven en permanente estado de gracia.   Las misteriosas Fuerzas del Mal Una funesta inclinación al mal parece sellar como signo indeleble la contradictoria naturaleza humana. Es un hecho avalado por la Historia de todas las edades y de todos los...