La unión

La unión

Querido lector, Por su importancia, estuve meditando sobre el significado de esta palabra: unir. La consulté en el diccionario, pero entendí mejor lo que me quería decir, escuchando lo más hondo de mi corazón. Unir es tan importante…como que se identifica con el mismo «bien», que siempre une, mientras que el «mal», como su opuesto, trata por todos los medios de separar, o al menos, de impedir la unión. Como decía Santo Tomás de Aquino: «el bien sin el mal puede existir, pero el mal sin el bien no». Entendía el mal como la privación de un bien que debía existir en una cosa, y por lo tanto, existente en el bien y actuante por el bien, siendo el mal eficaz, no por sí mismo, sino por el bien que hiere y del cual es parásito. Y ese bien – dirá Jacques Maritain – es el espíritu mismo del hombre, es la ciencia y el ideal corrompido por la mala voluntad. La unión, la primera unión, es la propia de la Santísima Trinidad. Solo contemplando el primer misterio – el de la Santísima Trinidad – como el de un Dios único, en tres personas distintas, podemos intuir a qué se refiere la unión a la que todo hombre ha sido llamado. Disculpen mis lectores, que yo no soy teóloga, pero me parece una meditación esencial para cualquier cristiano. De tal suerte que, cuando vamos a comulgar, no nos dirigimos a «consumir» algo, sino a «unirnos» con Alguien con mayúsculas: Dios. Y entre consumo y unión hay gran diferencia. Cuando contemplo a Jesús en el Santísimo Sacramento y le acompaño...