LA ALEGRÍA DE LA FE

LA ALEGRÍA DE LA FE

Querido lector, Con la imagen de cabecera en este artículo —correspondiente al encuentro de comunicación digital en torno al evangelio #iMisionParty, que tuvo lugar el pasado sábado en Cartagena, y en ocho ciudades españolas más, de forma pionera y simultánea—  he querido mostrar la alegría de la fe. ¡Cuántas veces escucho —porque en la vida social te cruzas con muchas personas distintas— que la fe te quita esto y aquello. Muchas veces no contesto, pues no se trata de ganar batallas intelectuales, sino de amar, y a menudo en este tipo de conversaciones las personas se endurecen mucho y se ofuscan en la necesidad de mostrar que tienen razón. Y callo, por puro amor, esperando —quizás— que en otro momento, su corazón esté más preparado. La fe no te quita nada, sólo te da. Te da tanto, que es inconcebible. Pero hay que experimentarlo. Y para eso, hay que ponerse en camino. Jesús dijo: ´Yo soy el camino, la verdad y la vida`(Jn 14,6) Cuando caminas en otra dirección y, sé lo que es eso, miras desde fuera: esto es, juzgas e interpretas desde tu posición alejada de la oración y los sacramentos. Y, desde tu propio ´yo` analizas lo que pierdes o dejas de ganar, escrutas la posible veracidad de los hechos con todo tu raciocinio escéptico que sí quiere, pero no puede y, en el mejor de los casos, miras con benevolencia a los millones de seres humanos que sobre esta tierra y a lo largo de los siglos, se ve que ´han necesitado`a Dios. Esta situación solo cambia cuando la persona, deja de juzgar e interpretar desde...
Aprendiendo a escuchar al Amor

Aprendiendo a escuchar al Amor

Querido Lector, ¡Feliz Pascua! Dios vive. No creas que te felicito tarde, que vale, un poco sí, porque han pasado días desde el domingo, pero el papa Francisco nos anima a felicitarnos toda la semana, y a leer el Evangelio de la resurrección. Así que, ¡muy feliz Pascua! ¿Habrá algo más grande que celebrar la vida y lo que Jesucristo hizo por ti y por mí? Pues también atendí a los deberes que nos puso el padre: ´leer el Evangelio de la resurrección`. Es la típica tarea que muchos creen que, ¿para qué? Pues ya sabemos que resucitó… Y lo escuchan, pero no lo hacen. Error. Lo hermoso de leer el Evangelio es que uno puede meditar los misterios una y otra vez, y el mismo misterio, cuando se medita, le pega un bocado a la carne de tu corazón, iluminando tu persona con un mensaje, una palabra, una idea… Algo que, siendo para todos, en ese momento es para ti. Es lo que tiene la Palabra de Dios. Pero quien no sabe esto, o cree que lo sabe todo y, ni siquiera lo intenta, se lo pierde. Así que, con toda la ilusión, me puse a leer el Evangelio de San Mateo 28 ( La resurrección de Jesús también la podéis encontrar en Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-8; Jn 20, 1-10 ) Y, ¿qué me dijo? Pues que Jesús primero se muestra a las mujeres – que le adoraron – y fueron ellas las que comunicaron la noticia a los discípulos. Luego, estos le vieron y le adoraron. Y, ahí estaba yo, sentada con mi Evangelio en las manos, sintiendo...