Encarnar

Encarnar

Querido lector, El pasado domingo me sucedió algo curioso; habíamos estado compartiendo una serie de actividades, cuando un amigo se despidió y me manifestó su preocupación por un asunto serio de su hija. En ese momento, algo sucedió en mí, también físico, se produjo una clase de descenso interior, de todo mi ser, desde la realidad que yo estaba focalizando hacia su problema concreto, y la alerta de su rostro, me hizo exclamar para mis adentros: «¡Ay, Señor…ayúdalo! Esto sí que es importante. Nosotros estamos ofreciéndote ciertas cosas, pero al lado de esto, es nada, esto sí que es encarnar los problemas concretos de nuestra vida: esa niña.» Lo cierto es que el asunto no se quedó ahí, había dejado una huella en mi corazón y yo misma me había sorprendido al emplear la palabra: encarnar. Por lo que, en mis paseos, meditaciones y silencios, anduve dándole vueltas en mi interior al contenido profundo y al significado de esta palabra. Sin saber muy bien si el buen Dios quería decirme algo…para compartir, o tan solo para mi propia vida personal. Un camino abierto. El lunes, día de San José obrero, me entretuve más de lo previsto acompañando a una amiga que se había quedado sola y quería ponerme al tanto de algunos asuntos. Pues esta pequeña decisión, permitió que al volver a casa nos cruzásemos de lleno con unos queridos amigos que acompañaban a un Fraile dominico llegado de Texas: fr. Brian Pierce, op. Una se pregunta: ¿qué probabilidades había de encontrarnos con este hombre tan interesante, que con su abundante pelo cano a pesar de su juventud y sus inmensos...