En Espíritu y verdad

En Espíritu y verdad

Querido lector, Hace poco explicaba el papa Francisco, cómo Jesús no le pedía al Padre ´que seamos felices` o cosas así… sino ´nuestra unidad`. (Jn 13,35) Y lo deja bien claro: > También San Pablo exhorta a la unidad, en nombre del Señor, y nos explica cómo llevamos el mismo Espíritu aunque distintos sean los dones, como distintas son las partes del cuerpo. Cada uno de nosotros tiene una función. Pero, como dice el Salmo: >. Así que, todo cristiano está llamado a trabajar por la unidad desde el amor y la caridad, cuidando las intenciones rectas de su corazón. La soberbia es la que separa; el orgullo, la vanidad, y el resto de intenciones – muy humanas, sí – pero que a menudo, por egoístas, nos salen muy torcidas y nos distancian. Lo peor es que hemos permitido que habiten en nosotros demasiado tiempo; listos y aventajados. Y no. Afortunadamente, para Dios, fuente de toda dignidad, el ser humano no vale por lo que hace o tiene, sino por lo que es. La única manera de vencer es examinarse uno mismo, y vivir con sencillez y humildad. Como María. Cada vez que lo bueno, lo bello, lo justo vence en tu corazón, ¡es Cristo quien vence en ti! Merece la pena. Recuerda que > (Jn 13,1) Hoy, bien nos podríamos unir con Santa Faustina, cuando dice:...
Aprendiendo a escuchar al Amor

Aprendiendo a escuchar al Amor

Querido Lector, ¡Feliz Pascua! Dios vive. No creas que te felicito tarde, que vale, un poco sí, porque han pasado días desde el domingo, pero el papa Francisco nos anima a felicitarnos toda la semana, y a leer el Evangelio de la resurrección. Así que, ¡muy feliz Pascua! ¿Habrá algo más grande que celebrar la vida y lo que Jesucristo hizo por ti y por mí? Pues también atendí a los deberes que nos puso el padre: ´leer el Evangelio de la resurrección`. Es la típica tarea que muchos creen que, ¿para qué? Pues ya sabemos que resucitó… Y lo escuchan, pero no lo hacen. Error. Lo hermoso de leer el Evangelio es que uno puede meditar los misterios una y otra vez, y el mismo misterio, cuando se medita, le pega un bocado a la carne de tu corazón, iluminando tu persona con un mensaje, una palabra, una idea… Algo que, siendo para todos, en ese momento es para ti. Es lo que tiene la Palabra de Dios. Pero quien no sabe esto, o cree que lo sabe todo y, ni siquiera lo intenta, se lo pierde. Así que, con toda la ilusión, me puse a leer el Evangelio de San Mateo 28 ( La resurrección de Jesús también la podéis encontrar en Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-8; Jn 20, 1-10 ) Y, ¿qué me dijo? Pues que Jesús primero se muestra a las mujeres – que le adoraron – y fueron ellas las que comunicaron la noticia a los discípulos. Luego, estos le vieron y le adoraron. Y, ahí estaba yo, sentada con mi Evangelio en las manos, sintiendo...