Santos y beatos reconocidos o en vías de llegar a serlo: su conexión con Medjugorje (actualización)

Santos y beatos reconocidos o en vías de llegar a serlo: su conexión con Medjugorje (actualización)

Ahora, finalizadas las indagaciones de la comisión vaticana sobre los acontecimientos de Medjugorje, corresponde al Santo Padre el dictamen definitivo, y no es nuestra intención adelantarnos a este veredicto. Sin embargo, estimamos de interés saber cómo reaccionaron ante estos hechos los santos y beatos contemporáneos a estos. ¿Qué opinaban del Fenómeno Medjugorje? ¿Manifestaron alguna reacción, ya fuese favorable, desfavorable o indiferente? ¿Coincidían en su actitud?

Examinaremos en este artículo la postura que ante estos eventos mostraron Santa Teresa de Calcuta y San Juan Pablo II. Añadiremos la posible conexión de Medjugorje con San Pío de Pietrelcina (“Padre Pío”), quien, pese a no haber coincidido en vida con estas apariciones, parece estar vinculado a las mismas a través de una predicción y de pretendidos fenómenos místicos. También tomaremos en consideración el posible vínculo con Medjugorje de almas tan luminosas como la hermana Lucía de Fátima y el padre Emiliano Tardif, ambos en vías de beatificación. Como colofón añadiremos el insólito caso de la pequeña Audrey, paradigma de alma víctima cuya posible santidad está siendo estudiada con aprobación de su obispo local.

 

Padre Pío

Mary Craig, periodista de la BBC, refiere en su libro A Spark from Heaven (Ave Maria Press, 1988) que el Padre Pío recibió en cierta ocasión la visita de unos peregrinos procedentes de la diócesis de Móstar, a la que pertenece la parroquia de Medjugorje. Les dijo: «La Virgen María visitará pronto vuestra tierra».

Existen, además, unos hechos intangibles que establecen un curioso vínculo entre Medjugorje y este singular santo.  Si los menciono aquí es porque estos hechos de naturaleza inmaterial están directamente ligados a otros de carácter tan material y tangible que sacudieron la opinión pública y figuraron entre las noticias más destacadas, no solo de los principales rotativos de Italia, sino también de la prensa internacional.

Los hechos intangibles

Pablo Martín, joven albaceteño, profesaba una devoción tan ardiente al Padre Pío (1987-1968) que, alentado por una supuesta llamada de este santo, viajó a Roma en 1969, cuando contaba veintidós años de edad. Se ordenó sacerdote y, un cuarto de siglo después, regentaba una insignificante parroquia perteneciente a la diócesis de Civitavecchia, la más pequeña de Italia: San Agustín, enclavada en Pantano, un suburbio rural de la ciudad portuaria que da nombre a la diócesis, a ochenta kilómetros al noroeste de Roma.

Nuestro sacerdote peregrinó a Medjugorje en septiembre de 1994, y allí visitó una tienda donde se vendían estatuas de la Virgen de Medjugorje, Reina de la Paz. El espíritu del padre Pío, según declararía después, le indujo a elegir una en particular, asegurándole que, como resultado, se produciría “el evento más hermoso de su vida”. Se trataba de una talla de yeso de unos 40 centímetros. Tras comprobar que el precio se amoldaba a sus posibilidades pecuniarias, Don Pablo compró la estatuilla.

De regreso en su parroquia, se acordó de uno de sus feligreses más devotos, un electricista de 37 años llamado Fabio Gregori, celoso padre de familia. Este le había confiado en cierta ocasión su inquietud por el obstinado proselitismo de los Testigos de Jehová que pululaban por la zona. Temía que pudieran sembrar confusión en alguno de sus seres queridos. Era tal su desazón que había pensado en poner una estatua de la Virgen en el jardín de su casa a fin de alejar de su puerta a los emisarios de la Atalaya.

Y le regaló la estatuilla, que pasó a presidir el jardín de Fabio guarecida por una hornacina de piedra.

Los pertinaces y complejos hechos tangibles

Al atardecer del jueves 2 de febrero de 1995, Festividad de la Purificación de la Virgen, el devoto Fabio se disponía a unirse con su familia al Rosario y a la Santa Misa habituales de la parroquia. Estaba subiendo al coche a su hijo de dos años, cuando su hija Jessica, de seis años, anunció a gritos que la Virgencita del jardín estaba llorando. Fabio entró a zancadas y se detuvo anonadado ante un insólito espectáculo: las mejillas de la pequeña estatua presentaban húmedas manchas rojas. Extendió la mano y, al rozar una de las manchas con la punta de un dedo, se sintió invadido por una abrasadora oleada de calor. Contó el extraño incidente a Don Pablo, quien también fue testigo del prodigio: las lágrimas parecían de sangre; primero salían del ojo izquierdo, y luego de los dos. Descendían por las mejillas y el cuello, y se detenían al llegar al pecho. Durante las seis semanas siguientes, las lacrimaciones se repitieron trece veces ante un total de más de cincuenta testigos. Entre estos figuraban, además de la familia Gregori y el párroco, tres policías y un reportero fotógrafo.

El obispo local, monseñor Girolamo Grillo, reaccionó con inflexible escepticismo. Se llevó la estatua a su casa con la intención de destruirla. Su hermana, así como el exorcista oficial del Vaticano, frenaron este impulso inicial.

Un mes después presenció cómo la estatuilla, sostenida entre sus manos, comenzaba a llorar sangre. Registró en su diario: «La Virgencita había empezado a llorar por el ojo derecho: un reguero delgadísimo, poco más ancho que un cabello… Mi hermana, al verme palidecer, pidió socorro a gritos… Casi desmayado me derrumbé en una silla. Me socorrió el jefe de Cardiología de Civitavecchia, Dr. Marco di Gennaro, el cual constató también la presencia de la lágrima todavía fresca».

Con esta, las lacrimaciones hacían un total de catorce, el mismo número de estaciones del Via Crucis.

Moseñor Girolamo Grillo abandonó el bando de los detractores para pasar al de los defensores a ultranza de las misteriosas lacrimaciones.

En una entrevista televisiva, el obispo confesó con abierta vehemencia que la Virgencita había llorado sangre “entre sus manos” debido a que él, siendo miembro consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, era culpable de haber bloqueado deliberadamente el proceso de canonización del Padre Pío de Pietrelcina. El entrevistador, Enrico Malatesta, recogió detalladamente estos hechos en el libro La Madonna di Civitavecchia… Ha pianto tra le mie mani (La Virgen de Civitavecchia… ha llorado entre mis manos), que salió a la imprenta en mayo de 1997.

La Virgen de Civitavecchia ha llorado entre mis manos

La Virgen de Civitavecchia ha llorado entre mis manos

CODACONS, una poderosa organización dedicada a proteger los derechos de los consumidores, acusó a Fabio Gregori de intentar explotar la credulidad pública. La Magistratura italiana confiscó la estatuilla y emprendió contra Fabio rígidas medidas de vigilancia y control: interrogatorios interminables; registro de la casa, incluyendo el cacheo de sus moradores y exámenes periciales de cada electrodoméstico; control telefónico para detectar cualquier atisbo de mala fe o afán de lucro a costa de la credulidad popular en milagros. Se intentó detectar alguna triquiñuela en la estatua. Un TAC mostró que era maciza, que no escondía ningún artilugio y que no había sido sometida a ningún tratamiento especial. No era más que una vulgar estatuilla de yeso, como las hay a miles. A mediados de 1995 la estatuilla fue colocada en la iglesia de San Agustín, donde ejercía su ministerio parroquial Don Pablo. Este sacerdote manchego, hijo espiritual del Padre Pío, declaró que las lágrimas de la Madonnina formaban parte de un misterioso plan del Cielo que habría de realizarse durante el tercer milenio. Esta afirmación fue recibida con amables sonrisas de desdén.

El cardenal Angelo Sodano llamó varias veces monseñor Grillo en nombre de Juan Pablo II para que tuviese fe en el pasmoso llanto de la Virgencita de Medjugorje, la cual acabó siendo trasladada al Vaticano. El papa polaco llamó a su presencia a este obispo, y ante él hermoseó la cabeza de la estatuilla con una corona de oro. Seguidamente rezó ante ella. Pidió al obispo que  mantuviese esto en silencio, si bien llegaría el día en que debía contar al mundo que Juan Pablo II había venerado la imagen de esta Virgencita. Monseñor Grillo le preguntó cuándo, y el papa le respondió que se daría cuenta él mismo. Grillo objetó: «¿Quién me creerá si no aporto pruebas?» El vicario de Cristo le pidió que consignara en un escrito los hechos y que le enviase dos copias. Una semana después ambas copias le fueron devueltas a monseñor Grillo firmadas y fechadas por el Juan Pablo II.

Monseñor Grillo interpretó la beatificación del pontífice polaco, celebrada el 1 de mayo de 2011,  como la señal de que debía hacer pública esta veneración. Y ese mes la reveló al mundo en su libro La verdadera historia de un doloroso drama de amor: la Virgencita de Civitavecchia.

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 El misterio se complica

El cardenal Andrezj Maria Deskur, a instancias de Juan Pablo II, hizo forjar un duplicado de la Virgencita para regalarlo a la familia Gregori como compensación de haberse quedado sin la figura original. A partir del 7 de septiembre de 1995, esta segunda estatua comenzó a trasudar una especie de bálsamo de penetrante aroma.

La pequeña Jessica Gregori  afirmó recibir mensajes de la Virgen, los cuales fueron consignados por escrito y archivados en secreto por el obispo Grillo. También el padre de la niña afirmó haber recibido mensajes de la Virgen.

El escritor Santiago Velo de Antelo investigó in situ estos complejos misterios. Como resultado publicó un libro apasionante:  La Virgen que veneró Juan Pablo II, (Homo Legens). Ha donado el importe de los derechos de autor a la orden de las Misioneras de la Caridad.

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¿La Hermana Lucía de Fátima?

Sor Lucía, la vidente de Fátima, aún no está en los altares, pero el proceso de su beatificación está en marcha. En su libro Medjugorje, el triunfo del corazón, Sor Emmanuel refiere que la Santísima Virgen siguió manifestándose a sor Lucía con posterioridad a las apariciones de Fátima y la mantenía al corriente de su labor en Medjugorje, según el confidencial testimonio del padre salesiano Salinho, sobrino de sor Lucía. Ni corta ni perezosa, una tal Hildegard Alles envió una carta al obispo de Leiría-Fátima inquiriendo si tal afirmación era cierta. El obispo remitió la consulta al Padre Luciano Cristino, quien dio una respuesta contundente: «La afirmación “Nuestra Señora de Fátima habla con Sor Lucía acerca de lo que realiza en Medjugorje” es completamente falsa».

El Padre Cristino detentaba un cargo de alta responsabilidad en los asuntos de Fátima: dirigía el Servicio de Estudios y Difusión del Santuario de Fátima. ¿Se supone, entonces, que sor Lucía debía haberle transmitido unas revelaciones recibidas a título personal y privado? Así pues, tenemos dos testimonios enfrentados: el del Padre Cristino, tajante y autoritario desde su atalaya SESDI, y el del Padre Salinho, más reservado y directo dado su parentesco con sor Lucía.

¿Queda algo más que decir?

Pues sí, paciente lector. Aún queda una menudencia.

En mayo de 2010 se celebró en la Universidad de Notre Dame du Lac (Indiana, EEU) la Vigesimosegunda Conferencia Nacional sobre Medjugorje. Una de las conferenciantes fue la archiduquesa Milona de Habsburgo. Ella y su familia visitaban anualmente a su tía Olga, Duquesa de Cadaval, que residía en Coimbra y desempeñaba el cargo de secretaria personal de sor Lucía de Fátima. Olga de Cadaval reveló a Milona y demás familiares que Sor Lucía oraba fervientemente por los videntes de Medjugorje, a quienes consideraba necesitados de protección frente a la avalancha que se les venía encima.

Dos años y cuatro meses después, Milona declaró en una entrevista radiofónica que su tía Olga la había llevado en cierta ocasión al convento de sor Lucía con la intención de presentársela. Antes de que tal ocurriera, Milona sintió escrúpulos al recordar que el Vaticano había prohibido todo acercamiento a sor Lucía sin previo permiso eclesiástico, y decidió renunciar al encuentro. Entró a orar en la capilla del convento y, según confió después a su tía, sintió una especie de callada certeza en respuesta a sus plegarias: «Quienes profundicen en el tema de Fátima mediante la oración comprenderán los acontecimientos de Medjugorje». Su tía le comunicó que eso era exactamente lo que sor Lucía le acababa de decir. ¡Curiosa coincidencia!

¿Qué credibilidad nos ofrece Milona? La de su honestidad. Es sobrina del archiduque Otto de Habsburgo, hijo mayor del último emperador Carlos I de Austria y IV de Hungría. Renunció a los placeres de la vida palaciega y al ostentoso título de “Alteza Real e Imperial” para dedicarse a combatir el hambre infantil en el Tercer Mundo.

 Milona combatiendo el hambre infantil

Santa Teresa de Calcuta

La Madre Teresa era devota seguidora de las apariciones de Medjugorje. Además de tener encuentros personales con el padre Slavko Barbaric, anhelaba peregrinar a la aldea bosnia; pero refrenaba sus deseos parar no anticiparse al dictamen oficial de la Iglesia, consciente de que su presencia en el célebre santuario mariano podría ser interpretado por muchos como un “hecho eclesial”.

Cuando fue invitada por Denis Nolan a aportar su testimonio en la Conferencia Nacional sobre Medjugorje que debía celebrarse en la Universidad de Notre Dame del 8 al 10 de mayo de 1992, respondió con esta carta:

 

 Mother Teresa Letter Estimado Sr. Denis Nolan:Gracias por su amable carta del 4-4-92.
Me temo que no podré asistir a la conferencia nacional por razones de salud… aunque estaré unida a ustedes en oración.
Antes de la misa, rezamos todos nuestra Ave María a Nuestra Señora de Medjugorje pidiéndole que nos de la medicina necesaria para los pacientes de SIDA —hasta ahora no tenemos ninguna. Pídanle a Nuestra Señora que responda a nuestras plegarias.
Traten de tener una hora de adoración durante la conferencia.
Por favor, continúen orando por nuestra Sociedad, nuestros Pobres y por mí.
Que Dios le bendiga.

 

Refiere el Dr. Mark Miravalle, teólogo y profesor en la Universidad Franciscana de Steubenville:

El 14 de agosto de 1994 me encontraba yo en Calcuta dando unas charlas sobre el quinto dogma mariano de María Corredentora, Mediadora y Abogada a seis grupos diferentes de Misioneras de la Caridad, a petición directa de la Madre Teresa (incluidos dos de los que la propia Madre atendía). Cuando entré a su presencia, tomamos asiento y comenzamos a charlar distendidamente. Vi entonces, colgado en la pared, un calendario con la imagen de Nuestra Señora de Medjugorje impresa en su portada. Tras breves minutos de entusiasta conversación sobre otros temas marianos, señalé el calendario y le pregunté: «Madre, ¿cree usted en Medjugorje?» A modo de respuesta, se llevó el dedo a los labios como pidiendo silencio o discreción, y contestó: «Pedí a Nuestra Señora de Medjugorge que viniera a mi primer hogar para agonizantes de Calcuta, ¡y así lo hizo!».
No tuve el valor de sonsacar más información a la futura santa preguntando «¿Cómo vino? ¿Mediante una aparición? ¿Mediante una curación?» Ella se limitó a dejar el asunto en el aire mientras desplegaba una serena sonrisa.

 

San Juan Pablo II

El papa polaco creía en la autenticidad de las apariciones de Medjugorje. Leía regularmente el boletín “Eco de Medjugorje”, así como los libros de René Laurentin sobre este tema. Se conservan cartas suyas donde se evidencia su fervorosa adhesión a la Gospa.
Uno de los testigos más directos de esta devoción fue Monseñor Pavel Hnilica, quien declaró:

Cuando en 1984 visité al Papa en Castel Gandolfo […] me preguntó qué pensaba de Medjugorje y si yo había estado allí. Respondí: “No. El Vaticano no me lo ha prohibido, pero me lo ha desaconsejado”. Me dirigió una mirada resuelta y dijo: “Ve de incógnito a Medjugorje. ¿Quién te lo puede prohibir?” […] Se dirigió a su estudio y tomó un libro sobre Medjugorje, escrito por René Laurentin. Me leyó algunos pasajes y me hizo notar que los mensajes de Medjugorje están relacionados con los de Fátima: “¿Ves?, Medjugorje es la continuación del mensaje de Fátima”. Fui tres o cuatro veces de incógnito a Medjugorje, pero el obispo de Mostar Pavao Zanic me escribió una carta en la que me conminaba a no ir más allí. En caso contrario le escribiría al Papa.
La segunda vez que hablamos de Medjugorje —lo recuerdo bien— fue el 1 de agosto de 1988. Una comisión médica de Milán, que por entonces había examinado a los videntes, visitó al Papa en Castel Gandolfo. Uno de los médicos hizo notar que el obispo de Mostar creaba dificultades. Entonces el Papa dijo: “Dado que es el obispo de la región, debéis escucharlo” y agregó en tono grave: “Pero deberá rendir cuenta ante la ley de Dios de haber administrado el asunto justamente.” Permaneció un momento pensativo y añadió: “Hoy el mundo está perdiendo el sentido de lo sobrenatural, es decir, el sentido de Dios. Pero muchos reencuentran este significado en Medjugorje por medio de la oración, el ayuno y los sacramentos”. Fue el testimonio más bello y explícito sobre Medjugorje. Me impactó porque la comisión que había examinado a los videntes (se refiere a la declaración de Zadar) declaró entonces: “Non constat de supernaturalitate”. Por lo contrario, el Papa había comprendido desde hacía tiempo que en Medjugorje ocurría algo sobrenatural.
Hace algunos años, cuando el Papa estaba mal de salud y comenzaba a caminar con el bastón, […] se apoyó en mi brazo para que lo acompañase al ascensor. Ya temblaba mucho y repitió durante cinco veces, con voz solemne, las palabras de la Virgen de Fátima: “Finalmente mi Corazón Inmaculado triunfará”. […] También entonces subrayó que Medjugorje no es otra cosa que la continuación de Fátima.

 Monseñor Murilo Krieger, obispo emérito de Florianópolis (Brasil), escribió:

En 1988, me encontraba en compañía de otros ocho obispos y treinta y tres sacerdotes, haciendo unos ejercicios espirituales en el Vaticano. El Santo Padre supo que muchos de nosotros iríamos después a Medjugorje. […] Después de una Misa privada nos pidió: “Rezad por mí en Medjugorje”. En otra ocasión, dije al Papa: “Voy a Medjugorje por cuarta vez”. Se concentró en sus pensamientos y dijo: “Medjugorje… Medjugorje es el corazón espiritual del mundo”.

 

Juan Pablo II dijo al Padre Jozo Zovko el 20 de julio de 1992: “Ocúpese de Medjugorje, encárguese de Medjugorje, no se canse de ello. Persevere, sea fuerte, estoy con usted. Permanezca en vela, siga Medjugorje.”

 Monseñor Felipe Santiago Benítez, arzobispo de Asunción del Paraguay, visitó Roma en noviembre de 1994. Pidió al Santo Padre referencias sobre el Padre Slavko, embajador espiritual de los mensajes de Medjugorje. Juan Pablo II le contestó: “Autorice todo lo que concierna a Medjugorje’. El arzobispo no necesitó más referencias. La noticia corrió por otros países de Sudamérica que habría de visitar el padre Slavko. Éste recibió una cálida acogida en las iglesias y catedrales sudamericanas.

“¡Reza por mí y yo rezaré por ti!”, dijo el Santo Padre a Vicka, vidente de Medjugorje, durante una Audiencia General celebrada en el Vaticano el 2 de marzo de 1995.

“¿Qué hacemos con toda esa gente que va a Medjugorje?”, preguntó el arzobispo Patrick Flores de San Antonio, Texas, a Juan Pablo II, en agosto de 1988. “Dejen que vayan”, le contestó el Papa. “Van allá a orar. Cuando lleguen allá, oren por mí.”

El arzobispo Gaetano Allibrandi, Nuncio Papal en Dublín, visitó Roma en Julio de 1987 luego de peregrinar a Medjugorje. Juan Pablo II le dijo: “Me he enterado de que ha estado Ud. en Medjugorje. ¡Cuénteme acerca de ello!” El Nuncio describió sus impresiones sobre Medjugorje, las gracias que allí había recibido y sus visitas a los videntes. Casi al terminar el encuentro, el Santo Padre tomó seis rosarios y los bendijo; luego le pidió al Nuncio que se asegurara de que esos rosarios fueran entregados a cada uno de los videntes en su nombre.

”¡También yo quisiera ir a Medjugorje!”, dijo el pontífice polaco a Franjo Tudjman, presidente de Croacia, en marzo de 1988.

 

 Juan Pablo II_Marcos y Sofia Querido Marek,Que Dios te recompense por el “Misterium” [Misterio]. Para saber lo que contiene, tendré que leerlo; pero puedo sentir algo en mis huesos tan sólo de leer la carta. Me aseguraré de hacerlo leer lo más pronto posible.
Mientras tanto, gracias por el texto (aun sin leer) y por las gentiles palabras de su autor. Que Nuestra Señora proteja siempre a Marek y Sophia, y a su familia.
Y ahora, cada día, regresamos a Medjugorje en oración.Juan Pablo IIVaticano, 28 de mayo de 1992

 

Padre Emiliano Tardif

En mayo de 1981 se celebró en Roma un encuentro mundial de dirigentes de la Renovación Carismática, entre los que figuraba el sacerdote canadiense Emiliano Tardif, afamado taumaturgo a quien se le reconocen, entre otros carismas, el don de sanación y el de profecía. Hacía apenas tres días que habían atentado contra el papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro cuando a este sacerdote tuvo una experiencia insólita. Cedámosle la palabra:

«Aquella noche del 6 de mayo del 1981, estábamos reunidos en oración con un grupo de delegados en un pequeño salón de la casa Domus Pacis, y el delegado de Yugoslavia, padre Tomislav Vlasic, nos pidió orar por la Iglesia de su país, que estaba sufriendo mucho por causa del gobierno comunista y no podía actuar con libertad. Nos dijo:

‘Nuestra Iglesia de Yugoslavia está enferma. Voy a sentarme en esta silla en representación del clero yugoslavo. Orad por mí, imponiéndome las manos por la Iglesia de Yugoslavia’.

Comenzamos a orar por su Iglesia, imponiéndole las manos, y seguimos orando en lenguas y cantando también en lenguas. Y enseguida recibí en mi corazón una profecía que me vino con mucha claridad. Comuniqué al grupo estas palabras que me parecían venir directamente del Señor:

«No os preocupéis. Yo os enviaré allí a Mi Madre».

Pensé que se trataría de una presencia espiritual de la Virgen en la Iglesia de Yugoslavia. Pero ¡qué sorpresa fue para mí la noticia de que el 24 de junio del mismo año 1981 se apareció la Reina de la Paz a seis jóvenes de Medjugorje, y que el 25 de junio les dio sus primeros mensajes! ¡Gloria al Señor!»

Posteriormente reconoció: «En aquel momento yo no tenía la menor noción del alcance de esa profecía. Me limité a transmitir dócilmente lo que había recibido».

Dos años más tarde, el padre Tardif  peregrinó a la aldea de las apariciones acompañado de Philippe Madre, diácono de la Comunidad de las Bienaventuranzas, y de otro sacerdote canadiense. Ejercía las funciones de párroco precisamente el padre Tomislav, en sustitución del padre Jozo, que había sido encarcelado por orden gubernamental.  Refiere el carismático sacerdote: «El padre Tomislav nos invitó a concelebrar la misa vespertina. Más de tres mil fieles participaron de la Misa. Oramos por los enfermos y hubo muchas curaciones. Las personas sanadas daban sus testimonios y al día siguiente el número de asistentes era ya más del doble. La noticia de cómo estaba sanando el Señor corrió rápidamente».

Las autoridades comunistas mandaron encarcelar a los tres sacerdotes acusados de perturbar la paz y de predicar sin permiso del gobierno. Finalmente fueron expulsados del país.

Por medio de la vidente Marija, la Virgen había dado un mensaje personal al padre Tardif: «Allá adonde vayas no dejes nunca de hablar de Jesús». Y así lo hizo hasta el fin de sus días terrenales.img024

 

 

 

 

La Pequeña Audrey

Audrey Marie Santo nació en Worcester, Massachusetts, el 19 de diciembre de 1983.  El 9 de agosto de 1987, a las once y tres minutos de la mañana, estuvo a punto de morir ahogada en la piscina de su abuela. Una sobredosis de fenobarbital administrada con precipitado apremio en el hospital más cercano provocó en la pequeña un mutismo acinético: perdió completamente la capacidad de hablar, y sólo podía mover los dedos y los ojos. La recluyeron en su domicilio para recibir una terapia intensiva.

Tras mucho orar, la madre decidió llevar a Audrey a Medjugorje. Acomodada en una camilla especial provista de un cilindro de oxígeno y otros dispositivos de soporte vital, Audrey permaneció situada ante la Reina de la Paz durante una aparición. Se le animó el rostro y asintió con la cabeza. A continuación sufrió un paro cardiorrespiratorio que la llevó al borde de la muerte.

A su familia se le dio permiso para tener en su habitación un tabernáculo con el Santísimo Sacramento; de modo que la pequeña postrada se encontraban en la presencia continua de Nuestro Señor en la Santa Eucaristía. A partir de entonces comenzó a desencadenarse en presencia de Audrey una abrumadora y creciente serie de prodigios, de sanaciones físicas y de innumerables frutos de conversión. En su casa las estatuas e imágenes de Cristo y de la Virgen María exudan aceite o emiten lágrimas de sangre. De modo misterioso se giran hacia ella cuando nadie las mira. Los visitantes, incluso aquellos que carecen del sentido del olfato, afirman que su dormitorio huele a rosas. Según su familia, cada Viernes Santo parece sufrir la Pasión de Cristo. Sufre contorsiones de dolor que culminan a las tres de la tarde. Luego permanece dormida hasta el domingo.

La pequeña Audrey era incapaz de ingerir alimentos, por lo que era alimentada mediante tubos. Sin embargo, el día de su Primera Comunión recibió sin dificultad a Nuestro Señor en la Eucaristía. En cinco ocasiones diferentes, durante la celebración de la Santa Misa en su casa, numerosos fieles fueron testigos de cómo la Hostia comenzaba a sangrar en manos del sacerdote celebrante. El primero de estos celebrantes fue el obispo Flanagan.

Visions of Mary; The search for Miriam of Nazareth

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Miércoles , 18 de septiembre de 1996. El garaje de la casa de Audrey, convertido en capilla, contiene objetos religiosos donados por peregrinos.

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Tabernáculo colocado en el dormitorio de la Pequeña Audrey con permiso del obispo

 

Aparecieron espontáneamente en su cuerpo los estigmas de las cinco llagas de Cristo, aunque sin sangración. Innumerables peregrinos de la más variada condición admiten haber sido tocados por Dios a través de la pequeña Audrey. Tres de sus enfermeras, de diferentes credos, se convirtieron al catolicismo tras atenderla.

Una comisión oficial de investigación, nombrada por la diócesis local, no logró detectar ningún fraude.

La “Pequeña Audrey” murió el 14 de abril de 2007. El 11 de septiembre de 2008, Mons Robert J. McManus, Obispo de la Diócesis de Worcester, Massachussets, dio su beneplácito a la Fundación para la Promoción de la Causa de su Beatificación y Canonización.

4 Comentarios

  1. Genial artículo! Gracias por la información…. Noto que Juan Pablo II creía fervientemente en las apariciones .
    Qué piensa el Papa Francisco?

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  2. Tengo entendido que unos días antes del cónclave, el cardenal Jorge Mario B., el ahora Papa Francisco, recibió a uno de los videntes en Buenos Aires y estuvo en una aparición.

    Responder
    • A Ademaria y a Raquel Bailón: El Cardenal Bergoglio mostró una actitud favorable a las apariciones y mensajes de Medjugorje en varias ocasiones. Trataré de daros una respuesta más completa en mi artículo “Actitud del Cardenal Bergoglio y otros altos prelados hacia Medjugorje”.

      Responder

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