“Per-donar”

“Per-donar”

Querido lector:

Este Miércoles de Ceniza coincidió con el día de San Valentín y la Providencia nos hizo un guiño hermoso haciendo presente el signo de la Cruz en medio del amor humano. “Sacrificio” es eso que hacemos por la gente que amamos y, ¡sin amor auténtico, no se puede vivir! Así ha comenzado este tiempo de gracia: la Cuaresma. Son cuarenta días hasta vivir el Triduo Pascual: el misterio de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.

El Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018 lleva por título: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12) Son palabras de Jesús hablando del fin de los tiempos; anuncia una gran tribulación y lo que podría pasarnos frente a acontecimientos dolorosos; algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio. Es un mensaje que impresiona, alerta y entristece… pero un cristiano no puede dejarse robar la alegría de la esperanza. Así, la Cuaresma nos ayuda a volver al Señor con todo el corazón y toda la vida.

Os ruego que, antes de leer mis palabras, leáis con atención el mensaje del Santo Padre que arriba adjunto en el enlace, si no lo habéis hecho ya. “Cada uno de nosotros está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas.”Hay que descubrir qué apaga la llama de la caridad en nosotros, ¡el amor se enfría! “La acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente…” La Iglesia nos ofrece en este tiempo el remedio de la oración, limosna y ayuno. El Corazón de Dios no se apaga.

En la lectura de la Palabra de Dios en estos primeros días de Cuaresma, encontramos continuas referencias sobre El Perdón: “Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.” “No explotarás a tu prójimo…Teme a tu Dios. Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano…Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.””Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.” (Mt 6, 14-15) “Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano ´imbécil`, tendrá que comparecer…” “…vete primero a reconciliarte con tu hermano.

Es tiempo de perdonar y de pedir perdón para encender la llama de la caridad en nosotros. El perdón es el que regenera a la persona y hace renacer la esperanza, nos restituye como hijos de Dios. Sin embargo, veo oportuno compartir aquí algunas reflexiones sobre el perdón de Livio Melina. Él nos advierte de la banalización del perdón: en primer lugar, reduciéndolo solo a la emoción, cuando se trata de un acto que afecta a la persona completa, en sus tres dimensiones inseparables. En segundo lugar, porque hoy se ha perdido el sentido del pecado. La persona ha de ser consciente de que ha cometido un pecado que ha causado un daño, mirarse a sí misma y decir: “He pecado”.

Perdonar es difícil porque la memoria te reactiva la emoción y te hace sentir lo mismo que pasaste. Además, según el caso, existen injusticias objetivas que no se pueden reparar con una palabra humana, como pretende la trivialización del perdón. La justicia herida exige una satisfacción adecuada que restablezca el orden que ha sido dañado, al menos con una reparación simbólica. La simple palabra humana no sirve, necesitamos la gracia. Esta te permite reconocer el mal y avanzar en el tiempo. Cristo nos sana, porque ya nos ha redimido, pero necesitamos una mínima disposición de la voluntad, y no basta solo con querer perdonar: hay que curar las heridas, restablecer las imágenes y la confianza, porque solo así se regenera la comunión personal.

La palabra perdón es una palabra sagrada, una gracia que hay que recibir de lo alto, nos regenera, y tiene su origen en la Cruz de Cristo. El perdón no libera al otro de la culpa, pero le concede el don de la conversión.

La libertad necesaria para el verdadero perdón de todo corazón, de todo el ser y con las propias facultades requiere sanación, y esta, a su vez, necesita tiempo y trabajo interior paciente. Si no – como indica Livio Melina las consecuencias irreparables son la pérdida de libertad del don recíproco y la pureza de mirada. Banalizar el perdón deriva de la pérdida del sentido profundo y dramático del pecado. El perdón es banal cuando no juzga el mal cometido, sino que simplemente lo ignora o lo encubre. Un perdón superficial solamente demuestra debilidad y deja sin resolver las profundas tensiones del corazón.

Un verdadero acto de perdón es en cambio una novedad real en la vida de la persona y en el mundo. El hombre es completamente libre precisamente cuando perdona; es una gracia que se encuentra en las profundidades de uno mismo, sacada de la fuente de ser hecho a imagen y semejanza de Dios. El acto del perdón involucra a la vez al culpable y al ofendido, en una transformación común. Es un don originario y permanente, es la fuente de la capacidad de libertad y de donación de uno mismo nuevamente, del don por excelencia de: “per-donar”.

2 Comentarios

  1. Casi siempre, cuando escribimos algo, nos embarga un cierto miedo, no vayan a pensar que queremos enseñar, cuando nosotros no somos maestros de nada, o sí, lo somos de nuestras propias experiencias.
    Cynthia ha escogido en esta Cuaresma la palabra “Perdón”, de raices muy antiguas, tanto como los Evangelios, porque su verdadera dimensión sólo alcanza su plenitud con el Cristianismo.
    Cuando enseñamos,hablamos, predicamos, sin creer con todo el alma, realizamos un verdadero fraude pedagógico, se cumple eso de “predicar en desierto” porque no produce frutos.
    En las palabras de Cynthia se nota un cierto calor porque fueron pasadas por el filtro de su corazón. Eso la convierte en algo mucho más grande que maestra, en testigo, porque transmite una experiencia de vida, le da sentido a una palabra tan importante como “Perdón”, pero poniéndose ella misma en primer lugar.
    Nadie puede enseñar lo que no conoce bien, como nadie puede dar lo que no tiene.

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    • Gracias, José Antonio.
      Solo hay un Maestro: Jesucristo, y los demás somos hermanos, llamados a ir por todo el mundo a proclamar Su Palabra. Él nos enseña que no solo hay que perdonar siete veces, sino hasta setenta veces siete; siempre. Y Él mismo nos da la gracia para cumplir Su Palabra. “El que Me ama, guardará
      Mi Palabra”… En verdad, Su Palabra instruye, corrige, enseña, … , y es en sí misma: Vida.

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