Conversión

Conversión

Querido lector,

Buscaba una imagen para estas líneas y la Providencia me presentó esta, que ni pensaba yo, pero que me ha hecho sonreír mucho. Digo: «pues sí que es buena», porque en la caída de Saulo podemos ver lo que sucede cuando de verdad te encuentras con Dios… que te pega un fogonazo, que se te caen todos los criterios propios y ¡empiezas a andar con un tiento..!

Conversión significa transformación; «hacer que alguien o algo se transforme en algo distinto de lo que era», dice la RAE. Y claro, la conversión frente a Dios implica siempre una caída propia. Si no, ¿dónde está el auténtico reconocimiento de su Luz? Si no hay fogonazo, es que no hay encuentro.

«Conviértete y cree en el Evangelio» nos dijeron el día 6 de marzo, mientras nos ponían la Cruz de ceniza en la frente. Comenzaba la Gran Cuaresma, dice el Catecismo, esos 40 días en los que la Iglesia se une al Misterio de Jesús en el desierto. Es Cristo quien ha vencido al Tentador en beneficio nuestro. La liturgia de la Iglesia nos ayuda a abrirnos a esa inteligencia «espiritual» de la economía de la salvación.

Este tiempo es en particular apropiado para poner lo que de nosotros sea posible para facilitar ese encuentro: ejercicios espirituales, acudir al sacramento de la confesión, silencio, oración, alguna privación voluntaria como el ayuno y la limosna, obras caritativas y misioneras… Pero todo siempre y en cualquier caso, desde el deseo íntimo del encuentro auténtico. Que ya sabéis: nos traerá caída o descendimiento y fogonazo, pero a su vez, una alegría íntima, paz, libertad, comunión, camino, verdad… ¡y vida eterna!

Sin embargo, no hagamos nunca las cosas por hacer, ni sin saber por qué las hacemos, ni mucho menos para obtener logros propios o por quedar bien o cumplir. Esto es una engañifa.

«Dios es amor.» (1 Jn 4:8) Oremos más, para que nuestra alma (la esposa) se abra al encuentro de su Esposo, el Señor, y fruto de esa unión de amor seamos en verdad tabernáculos de la Santísima Trinidad, comunión perfecta de amor que nos invita a la donación.

Qué bonito explica esto San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual. Os dejo este preciosísimo vídeo donde se lee y comenta gracias a un icono – fruto de la oración y contemplación – realizado por las Hnas. Carmelitas de Harissa (Líbano). (Son 30 minutos)

Por si os resulta de interés, también os dejo por aquí el acceso a la formación gratuita sobre Sagrada Escritura que ha comenzado Mater Mundi con Beatriz Ozores, es estupenda.

Prácticamente acaban de comenzar, al final de este capítulo podéis acceder a las cuatro publicaciones anteriores: https://matermundi.tv/2019/03/21/capitulo-3-2a-conociendo-las-escrituras-y-dios-creo-al-hombre/

Además, los viernes de Cuaresma recordamos la muerte del Señor. Jesús llamó Hora de la Misericordia a las 15:00 horas, por ser la hora de su muerte: «A las tres de la tarde implora mi Misericordia, especialmente para los pecadores y, aunque sea por un momento, contempla mi Pasión; sobre todo el momento de mi Agonía. Esta es la hora de la gran Misericordia para todo el mundo. En esta Hora no negaré nada al alma que lo pida por los méritos de mi Pasión.» (Jesús a Sta. Faustina Kowalska)

Toda conversión de vida implica la plena confianza en Dios:»Cuanto más confía el alma, más alcanza» y la práctica de la misericordia con el prójimo: «Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará de Mí en el día del Juicio.» Por eso oramos: «Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.»

Aún es tiempo…

Así que marcho hacia mi propia conversión, que he de preparar un encuentro importante.

El encuentro de mi vida.

2 Comentarios

  1. «El verdadero encuentro nos traerá caída o descendimiento, pero a su vez una alegría íntima, paz, libertad, comunión….»
    Está claro que no hablamos de un encuentro con una persona cualquiera, sino de un encuentro con Dios, con Jesucristo, que es «Signo de Contradicción»
    Es «la esposa», el alma, que como la cierva busca el agua fresca que sólo la da «el esposo», Jesucristo. Desde que damos los primeros pasos por caminos de oración, nos empiezan a ocurrir las dos cosas:
    La caída, el descendimiento, que no es otra cosa que contemplar nuestra pequeñez y a la vez un deseo ardiente de buscar al Amado, que fue dejando su perfume por campos y senderos, que a veces se oculta……
    Otra cosa que nos llama la atención en el escrito de Cynthia, es cómo ha comprendido, lo necesaria que es la confianza en la oración. Sin confianza nunca se alcanza nada.

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    • ¡Muchas gracias por tu comentario y testimonio, José Antonio!
      Disculpa que haya tardado en publicarse, a veces no me llega el aviso de wordpress
      al correo electrónico. ¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Cristo Vive!

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