María Magdalena

María Magdalena

DE MUJER MARGINADA A DISCÍPULA DE JESÚS

La imagen de Santa María Magdalena fue cambiada a lo largo de la historia, especialmente en nuestra tradición occidental. A nuestro arte occidental más reciente, no el medieval, le ha gustado representar a María Magdalena como una prostituta arrepentida, con los cabellos sueltos, casi siempre pelirroja, postrada en el suelo y haciendo penitencia. Una imagen que no refleja la verdadera identidad de una de las primeras discípulas de Jesús, la que fue instruida por Jesús, junto a las otras mujeres, en los misterios del Reino de Dios. La primera testigo de la resurrección y la encargada de ir a los apóstoles a anunciar que Jesús había resucitado como les había dicho cuando estaba con ellos.

Tenemos que recuperar la imagen de una mujer al servicio del primer anuncio evangélico, volver a la imagen que delinean los Evangelios y los datos arqueológicos que están apareciendo en las excavaciones de la ciudad de Magdala. La imagen de la prostituta viene de identificar de manera apresurada a María Magdalena con alguna de las mujeres prostitutas que aparecen de manera anónima en los Evangelios. Un anonimato que responde a la discreción, pues algunas de estas mujeres eran en el momento en el que se escribieron los Evangelios, evangelizadoras en las primeras comunidades cristianas. Pero de todas formas, si lo fue,  no creo que sea lo que más hay que señalar en ella según la imagen que pintan los evangelios.

Santa María Magdalena fue una mujer rota y marginada por la que nadie había podido hacer nada, hasta que se encontró con Jesús. Los “siete demonios” que Jesús le sacó (Lucas 8,2) expresa una totalidad de males que le llevó a la marginación más extrema.  Males propios de aquella sociedad y males de ella misma, que le habían cerrado todas las puertas y la habían encasillado para siempre. Pero su encuentro con Jesús la transformó en una mujer nueva, y le devolvió su dignidad. Fue la primera del grupo de las discípulas que seguían a Jesús, y fue la primera testigo de la resurrección y la primera en recibir la misión de Jesús de ir y anunciar la gran noticia a los demás discípulos (Juan 20). Ella participó activamente en la primera evangelización como tantas otras, en un ambiente social contrario e incluso hostil a la presencia activa de la mujer, y cuando todavía no se habían escrito los Evangelios ella era un Evangelio vivo.

María Magdalena nos ayuda a entender la profecía del papa Francisco para los tiempos que vivimos de una Iglesia pobre entre los pobres. Una Iglesia que sale al encuentro de los marginados y de los excluidos para mostrarles la salvación que nos ofrece Jesús, porque ellos son sus hijos más queridos. Y vivimos en un mundo que impone otros tipos de marginaciones a base  de engaños complacientes, y deja tirada a tanta gente en las cunetas del sinsentido, la autodestrucción y la pérdida de la dignidad humana.

Por tanto, como dice la Congregación para el Culto Divino, cuando la memoria de Santa María Magdalena, la “apóstola de los apóstoles” pasó a fiesta en 2016: “es justo que la celebración litúrgica de esta mujer tenga el mismo grado de festividad que se da a la celebración de los apóstoles en el calendario romano general y que se resalte la misión especial de una mujer, que es ejemplo y modelo para todas las mujeres de la Iglesia”.

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D. Cristóbal Sevilla Jiménez
Fiesta de Sta. María Magdalena, 22 de julio.

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