Renacer

Renacer

Querido lector,

Al fin puedo sentarme a escribir unas líneas esta Pascua. ¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!
Tras la resurrección de Jesús, la obra de la Redención se ha culminado, y bien podemos plantearnos: ¿cómo es esta resurrección? y, ¿en qué me afecta a mí?

Si contemplamos la resurrección del Señor, comprobamos que esta es distinta a la de Lázaro o la de la hija de Jairo. El cuerpo de Jesús está glorificado. Es su mismo cuerpo, pero la Gloria de Dios se transparenta en Él.
El Evangelio nos narra cómo «estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». El Señor dejó ver que su cuerpo no estaba sujeto a esos límites. Los discípulos sobresaltados y llenos de temor creían ver un espíritu… pero Jesús les aclara: «un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo», e incluso comió un trozo de pez asado. ¡Qué maravilloso es esto!

Qué gratitud brota del corazón al entender que Jesús ha abierto la «puerta de la Vida», porque Él es la Vida. ¡Cuántas veces había corregido a sus discípulos! diciendo: «No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.» (Mc 12,27)

A menudo me sucede, comentando con hermanos en la fe, que descubro que son tantos los que asocian la obra de la Redención solo a la resurrección; hay que aclarar que esto no es solo así. Véase el mismo Evangelio de hoy, Jesús dice: «yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante«.

Con palabras sencillas: nosotros hemos sido redimidos, sí, porque el Día de la Redención murió nuestro Señor por nosotros crucificado en un madero. Los frutos de esa redención brotaron de su corazón traspasado y son una fuente inconmensurable de vida y misericordia para las almas. No solo para la hora de nuestra muerte, no. Esas gracias nos acompañan y asisten ya, durante toda nuestra vida.

Jesús se lo explicó a Nicodemo – aquel fariseo que por ser un judío influyente visitaba a Jesús de noche – y le dijo: «Te lo aseguro: quien no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios» Nicodemo no lo entendió, y Jesús aclaró: «Te lo aseguro: quien no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es. No te extrañes que te diga: «os es preciso nacer de nuevo.» (Jn 3, 1-21)

¿Somos capaces de nacer de nuevo?

La redención de nuestro cuerpo comienza el día de nuestro Bautismo. ¡Es un día tan importante! Luego, tenemos la vida para ir entregando a Dios lo que somos. Toda nuestra vida moral afecta a la redención de nuestro cuerpo, y nos conduce a una progresiva espiritualización del cuerpo que integra todos los dinamismos de la persona, hasta llegar al culmen de la resurrección.

El hombre, en su origen, fue creado en santidad y así es como Dios lo quiere. El Papa Francisco acaba de publicar La Exhortación Apostólica «Gaudete et Exultate»(«Alegraos y Regocijaos» Mt 5,12) dirigida a todo el Pueblo de Dios y personas de buena voluntad. Os animo a meditarla. «¡Más vivos! ¡Más humanos!»

Me gustan unas palabras que dijo el Cardenal Henry Newman: ´»Tener» es propio de los hombres, Dios es. En Dios vivimos, nos movemos y existimos. Cuando salgamos de este mundo, no nos dará cosas, se dará a sí mismo.
Y Dios es Amor.`

Que el Señor nos muestre el camino de la Vida y la Bienaventuranza.
Y que María – Madre de la Iglesia y esposa del Espíritu Santo – nos ayude a renacer.

2 Comentarios

  1. Debo decir que me ha encantado el comentario «Renacer», me ha parecido muy inspirado, con grandes y trascendentales ideas. Lástima que no sea más conocido y tenga más difusión entre grupos cristianos de todo tipo porque es una reflexión de gran hondura, sencillez y verdad. Gracias.-

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  2. Cynthia nos habla de algo humanamente incomprensible, «La espiritualización del cuerpo hasta llegar a la resurrección» o lo que es lo mismo, «Redimir el cuerpo es espiritualizarlo»
    Es verdad que la resurrección de Cristo no es un acontecimiento de la historia, sino un hecho extraordinariamente nuevo.
    Cristo rompe todas las ataduras de la muerte y se convierte en un ser distinto, que ya no puede ser de este mundo, regido por leyes físicas……por eso Cristo vence definitivamente a la muerte.
    Él es, por tanto, la primicia de una vida nueva que es para todos los que creen en su Palabra.
    Se entiende que el caminar cristiano es como anticipar esa resurrección futura, espiritualizando todo nuestro ser. La redencion del cuerpo, que dice Cynthia con palabras misteriosas, pienso yo, que es librarlo de otras ataduras, para que pese más en el hombre su condición espiritual.

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