La Eucaristía: El Sacramento del Amor

La Eucaristía: El Sacramento del Amor

Querido lector,

Acabamos de celebrar el Corpus Christi, y me late el corazón fuerte al tratar de escribir estas pequeñas líneas sobre lo que más amo en este mundo: La Eucaristía.

La Eucaristía es el regalo más grande que Dios nos ha dejado – el auténtico centro de la Iglesia – su presencia VIVA y REAL; Jesús entre nosotros. Nuestra fe no es una fe muerta, sino viva, porque Jesucristo vino a darnos vida y ¡vida en abundancia!

Aún hoy nos cuesta entenderlo, pero imaginaos cuánto les costaría asimilar esto a sus discípulos cuando le escucharon decir por primera vez: «Yo soy el Pan de vida» (Juan 6,48) en aquel discurso que pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm:

«Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día.» (Juan 6, 54)
«Os lo aseguro: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.»

Está escrito que muchos se alejaron de Él. Pero, ¿quienes permanecieron fieles? ¿Aquellos que le entendían..? No parece… Más bien, aquellos que le conocían más, porque le habían tratado. Permanecieron fieles aquellos que confiaban en Él. Se estaba adelantando la promesa de la Sagrada Eucaristía:

«Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed» (Juan 6,35)

Como sus discípulos fieles, estamos llamados a responder a la presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento. Con lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo.La confianza es la puerta de acceso al Tesoro escondido. Algo bellísimo, desbordante e inexplicable para el hombre, que está llamado a responder con su libertad y voluntad al amor inconcebible de Dios, que espera nuestra respuesta en silencio. ¡Cuantísimo tenemos que Adorarle! ¡Qué necesario es hoy Adorar a Dios!

La Eucaristía nos recuerda el sacrificio de Jesús en la Cruz.

Jesús no muere en la Cruz porque no tiene otra cosa que hacer. No. Jesús muere crucificado, tras un juicio injusto y una tremenda agonía de horas, por Amor.
Para salvar nuestra alma. «Jesús, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo.» (Juan 13) Sabiendo que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento del amor. (Jn 13, 1-17)

Llegada la hora, se puso a la mesa con los apóstoles; y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios…»

(…) Haced esto en recuerdo mío. La Eucaristía es también acción de gracias que rememora el sacrificio de Jesús, que ofrecemos al Padre por nuestra Salvación.

El alma que recibe la Eucaristía se llena de gracia y recibe una prenda de la gloria futura. Por eso, cuando vivimos en el Espíritu gozamos de la realidad de Dios en nuestra vida, a través de los dones del Espíritu Santo: ilumina nuestra conciencia, llena los vacíos de nuestro corazón, fortalece nuestras vidas, consuela, inspira, y nos asiste cuando en gracia le invocamos.

Como bien nos enseña el Catecismo: Jesús está presente de múltiples maneras en su Iglesia, pero «sobre todo, (está presente) bajo las especies eucarísticas.» (SC 7) Es la perfección de vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos. La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la Consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas.

Condiciones para recibir la Eucaristía:
– Ser Católicos.
– Si somos conscientes de pecado grave, debemos confesar antes.
– Hay que reconciliarse con el prójimo.
– No comer nada 1 hora antes de comulgar.

La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. (Juan Pablo II)

¿Pruebas de la presencia Eucarística?
– En todos los escritos de los Santos.
– Testimonios de Revelaciones privadas.
– Milagros Eucarísticos como el de Lanciano, o más recientemente en Polonia.
– Apariciones Marianas, como Fátima o Garabandal.

Para las personas que por algún motivo no pueden comulgar – pues no pueden solucionar su situación solo con la confesión sacramental – recomendamos la Adoración Eucarística y Comunión Espiritual. Al adorar a Dios y confiar en acto de fe, amor y entrega… ¡nos llevaremos muchas sorpresas!

«La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor» (MF)

Y hasta el próximo artículo, me despido con las reflexiones eucarísticas de dos grandes. ¡Qué Dios os bendiga!

Francisco de Asís: «El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos de un sacerdote.»

Madre Teresa de Calcuta: «Cuando uno contempla el crucifijo entiende lo mucho que Dios nos amó. Cuando uno contempla la Sagrada Hostia entiende lo mucho que Jesús nos ama ahora. El tiempo que uno pasa con Jesús en el Santísimo Sacramento es el tiempo mejor invertido en la tierra.»

Buscad y encontraréis…» (Mt.7)

2 Comentarios

  1. The author expounds in this article the essence of Christian life.
    The Holy Spirit has spoken through her pen.
    Congratulations, Miss Egea.

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  2. Bordado en letras azules, en un mantelillo del altar donde está la capilla del Santísimo en una conocida iglesia del centro de Murcia, escrita está la frase: «Horas de Sagrario, horas de consuelo». Sabiduría popular, de gente sencilla, pero que ha sabido ver y comprender la Verdad, oculta para otros muchos.

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