SEMANA SANTA

SEMANA SANTA

Querido lector:

Esta Semana Santa me ha resultado muy difícil escribiros unas palabras, pues mi único sobrino de apenas 16 meses ha estado muy grave y estamos muy atentos a su evolución.

Qué distinto es contemplar la Cruz desde fuera, a hacerlo cuando tú mismo la estás sujetando. Es un puñal que se te clava dentro, como a María. Es la impotencia de no saber qué hacer por las personas que más quieres en este mundo.

Alguien me dijo: ´estas cosas te quitan la fe`.
Pero a mí no. Es la fe la que me sostiene, y me pregunto cómo se pueden sostener otros sin ella. Luego contemplo los misterios de la vida de Jesucristo y más de dos mil años después, siguen reflejando todas nuestras vidas, con nuestros momentos de gozo y angustia. Iluminando cada rincón del comportamiento humano, con una perfección abrumadora. Incluido el sacrificio, sí. Ese al que la naturaleza tiene horror.

Uno de los misterios que más me llaman la atención del evangelio es la profecía del anciano Simeón (San Lucas 2,22) cuando la Sagrada Familia se somete a la antigua ley de Moisés, y presenta al niño Jesús – como todo varón primogénito, con una pequeña ofrenda – en el templo de Jerusalén.
Simeón dijo a María, su madre: << Mira, este ha sido destinado para ser caída y resurrección de muchos en Israel, y como signo de contradicción – y a ti misma una espada te atravesará el alma – para que se descubran los pensamientos de muchos corazones >>.

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Recuerdo mi viaje a Jerusalén. Allí viví espiritualmente la entrada de Jesús a la ciudad para su sacrificio por todos nosotros; lo recordamos el domingo de ramos y da inicio a la Semana Santa. La gente sencilla y los niños habían creído en él, habían visto sus obras y le aclamaban a grandes voces. Allí mismo, sobre una colina mirando a la ciudad, grité con toda la fuerza de mi alma: ¡viva Jesús!
Si los fariseos de hoy me hubiesen escuchado, habrían dicho como hace dos mil años: «Maestro, reprende a tus discípulos» y Él hubiese vuelto a contestar: << Os digo que si estos callan, gritarán las piedras >>.

Jesús llora sobre nosotros y repite de nuevo: << ¡Si supieras también tú en este día lo que te lleva a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos (…) >> Sus palabras de entonces coinciden con las revelaciones que recibió Santa Faustina: «Nota de su diario:
300- «La humanidad no conseguirá la paz hasta que se dirija con confianza a Mi misericordia»».

Qué poco miramos la Cruz de Cristo, el gesto más grande de amor que ha tenido lugar sobre la tierra: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él sino que tenga vida eterna.» (Jn 3,16)
Hoy da inicio el Triduo Pascual y me gustaría volver a recorrer su Vía Dolorosa besando el suelo donde pisó nuestro Salvador.Qué bueno es meditar el Vía Crucis… cuánto te enseña. Jesús se despoja de su divinidad para vivir el sufrimiento del hombre. Un hombre perfecto e inocente, un juicio injusto, Pilatos se lava las manos, el ensañamiento como resultado de la maldad aceptada en el corazón del hombre.

Cada estación del Vía Crucis es un misterio y más de una enseñanza para nosotros. En la octava estación, Jesús habla con las mujeres:
<< Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos (…)>>

¿A quién molestaba Jesús? ¿A quién puede molestar Jesús?
La historia nos lo recuerda una y otra vez. De qué somos capaces. Cuánto daño nos hace el pecado – sí, el pecado, ese que queremos relativizar alterando la conciencia del bien y el mal – qué necesitados estamos de redención.
Cuánto le odiaban y cuánto se odia a Aquél que solo amó. Y no solo los de fuera: también Judas le vendió por treinta monedas, y Pedro le negó tres veces… Solo Juan y su Madre estaban al pie de la Cruz.

PEQUEÑO ANGEL

Doy gracias al fotógrafo: Jorge Martínez, del Blog Murcia Semana Santa por la magnífica fotografía de portada en este artículo, y por este ángel sufriente que es tan precioso como el pequeño que tenemos en casa.
También agradezco al Real y Muy Ilustre Cabildo Superior de Cofradías de Murcia su labor.

Os recuerdo que el Viernes Santo comienza la Novena a la Divina Misericordia y estamos en el Año Santo Extraordinario de la Misericordia. Hay que hacerla.

Y recordemos la entrega de Jesucristo para ser Misericordiosos con los demás.

Estos días, nosotros lo hemos comprobado con los médicos que atendían a nuestro pequeño; qué diferencia tan grande entre el médico que vive su vocación y no tiene horas propias si puede quitar angustia a unos padres, y aquel que solo cumple un trabajo «por horas».
Ese sacrificio diferenciador es el elemento cristiano de la SANTIDAD.

«Cuando caminamos sin la Cruz,
cuando edificamos sin la Cruz,
y cuando confesamos un Cristo
SIN CRUZ,
no somos discípulos del Señor». (Papa Francisco)

Que el Señor nos perdone, tenga misericordia de nosotros, nos conceda salud, fuerza y generosidad, y nos lleve a la vida eterna.
Que viváis en plenitud el Triduo Pascual y ¡Feliz Pascua de resurrección!

¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado
la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
(1 Cor 15:57)

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