¡FELIZ NAVIDAD!

¡FELIZ NAVIDAD!

Querido lector:

¡ FELIZ NAVIDAD!

La gran noticia de la Navidad es inconcebible para el ser humano: Dios se ha hecho hombre para que el hombre pueda llegar a Dios. Sin embargo: «vino a los suyos, y los suyos no le recibieron…», pero nos dice San Juan: «A los que le recibieron, les ha dado el poder llegar a ser hijos de Dios, si creen en su nombre.»

Así, la Navidad proclama: por un lado, el GRAN AMOR DE DIOS.
He aquí <<el Camino, la Verdad, y la Vida.>>
Dios se compadece del hombre y, sin dejar de ser Dios, asume por completo nuestra debilidad humana.

El acontecimiento cambia la historia de la humanidad.

Pero, si el amor de Dios es del todo inaudito,no lo es menos lo que también viene a proclamar la Navidad: LA GRAN DIGNIDAD DEL HOMBRE.Y es aquí donde el ser humano – capaz de anteponer otros intereses a su propia dignidad, y de pisotear la dignidad de los demás en beneficio propio – sin ayuda, no consigue levantarse.
¡La Navidad nos dice que Dios se abaja para elevarnos! Entender la Navidad es confiar en Dios; es darse cuenta de que este Dios, nuestro Dios, no solo no es capaz de perjudicar en nada al hombre, sino que todo lo hace para elevar con mucho nuestra dignidad. Él ensalza nuestra pequeñez.Se hace pequeño y débil para que nosotros seamos grandes y fuertes. Con una incomprensible humildad, ternura y delicadeza, no solo no excluye a nadie, sino que se identifica en propia carne con los más abandonados.

Un corazón que no esté endurecido por el pecado y el desorden, con la ayuda de la gracia que el Niño Dios nos vino a traer, se desarma ante esta realidad y se abandona con infinita confianza. Pero incluso los corazones más endurecidos son llamados por él, que no se cansa de perdonar y esperar; que es fiel, porque no puede negarse a sí mismo, y cuya misericordia es insondable. Nada escatima nuestro Dios.
El pequeño Niño viene con una Cruz muy grande, para salvarnos.

El Evangelio nos muestra que los primeros en ver al Niño Dios, fueron los pastores, gente humilde. Y que al verle, le adoraron. Después, salieron a comunicar a todos la Buena Nueva. Lc 2, 1-14 Hoy nos ha nacido un Salvador.

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Si viajáis a Tierra Santa – como hice yo este verano – y visitáis la Basílica de la Natividad en Belén, tendréis que pasar por la pequeña puerta que veis en la fotografía, esta es:
«La Puerta de la Humildad«.

Te tienes que agachar bastante para poder entrar.

Es hermoso poder inclinarte para adorar a Aquél que, además de crear el cielo y la tierra y todo lo bello que admiren tus ojos, se abajó por nosotros sin límites.

Después, como los pastores, salid a comunicar la Buena Nueva porque ¡Nunca se ha visto nada igual!

Gloria a Dios en el cielo, y en la Tierra PAZ a los hombres que ama el Señor.

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