Misericordiosos como el Padre

Misericordiosos como el Padre

 

Queridos hermanos,

Nos adentramos en el Jubileo del año Santo Extraordinario de la Misericordia.

 ¿ Somos conscientes de lo que esto significa ?

Posiblemente este año sea como un Volcán  de Amor para el mundo entero, donde nuestros corazones serán alcanzados por las llamas del Espíritu Santo, ardientes de su infinita Misericordia.

Creamos o no creamos, todos somos hijos de Dios y por ello, aunque nos movamos en dirección contraria, seremos alcanzados de una manera u otra. Todos estamos llamados al AMOR, no deberíamos cerrar el corazón y resistirnos, sino dejarnos TOCAR, sin miedo ni prejuicios, pues necesitamos abandonarnos en los brazos de Dios para que Él haga su obra.

Este mundo es un Milagro, deberíamos ser y estar alegres. En continua alegría y agradecimiento,  se crea una actitud positiva hacia la vida, y hacia nuestros hermanos que nos necesitan. La fórmula es muy fácil: si yo me alegro por ti, tú te alegrarás por otro y así sucesivamente. Cortemos las cadenas negativas; no nos regocijemos en la maldad, al contrario, cuando alguien nos hiera, hagamos el bien por mucho que nos cueste – como nos enseñó Jesús –  así vuelves a levantarte con más fortaleza, eres más feliz, y haces más felices a los demás.

Este año, propón ayudar. Son muchas personas las que nos piden a gritos que les ayudemos en este tiempo de Navidad, por ejemplo:

Paseamos por la calle y alguien pasa cerca de nosotros con un mirada desconsolada, pues le podemos regalar una sonrisa, una disposición, un gesto de ternura,  y ¡un Ave María! No dudéis que le habremos alegrado un poquito.

Tenemos unos vecinos a los que apenas saludamos, pues intentemos aprovechar estas fiestas para modificar nuestra actitud y ser un poco más afables con ellos, aunque lleguemos a pensar que a este o al otro les va mejor que a nosotros, porque ese pensamiento es erróneo, no juzguemos y no seremos juzgados. Nos debería dar igual que tengan un Mercedes o un chalet, o mejor, nos debería alegrar, pues son nuestros hermanos y no tenemos el libro de sus vidas; ¿y si tienen algún familiar enfermo en su casa y necesitan de tu amabilidad?

TODOS estamos sedientos de caridad.

Las personas que piden por la calle, si no les damos dinero, sí les podemos preguntar qué les hace falta, o traerles una merienda o un café. Recordemos lo que nos decía la Madre Teresa de Calcuta: no importa lo que haces, sino el Amor con el que lo haces.

Al abuelo o al familiar aquel que hace tiempo que no visitas, estaría bien que lo hicieras o en caso de ser complicado,  ¿qué tal con una simple llamada de teléfono? es posible que para nosotros se trate solo de unos minutos, pero que a la otra persona le alegre el día saber que hay alguien que se acuerda de él.

¡Cuánto trabajo queridos hermanos tenemos por hacer! Esta vida esta llena de obras de Misericordia, y hay tantas, como necesidades existen. Así que, es tiempo de trabajar por Amor. Comienza. Reconcíliate con Dios y con los demás, y luego… ¡haz todo el bien que puedas!

Os deseo una Feliz y Santa Navidad,

 

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