Fiesta de la Divina Misericordia

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El mismísimo Jesús fue quien pidió – a través de Sor Faustina – que se celebrase esta Fiesta.
Quería instituir en la Iglesia la Fiesta de la Divina Misericordia; que debía celebrarse el primer domingo después de Pascua, porque las almas perecen a pesar de Su amarga Pasión.

Ese día están abiertas las entrañas de Mi Misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata.
La humanidad no conocerá la Paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi Misericordia.
– dijo Jesús a Sor Faustina.

Escribe…habla al mundo de Mi Misericordia, de Mi Amor. Me queman las llamas de la Misericordia, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. Oh, qué dolor me dan cuando no quieren aceptarlas. Haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi Misericordia. Yo supliré lo que te falta. Dile a la humanidad doliente que se abrace a Mi Corazón Misericordioso y Yo la llenaré de Paz. Di, hija mía, que soy el Amor y la Misericordia Mismos.

Antes del Día de la Justicia envío el Día de la Misericordia

Sor Faustina dijo que moriría diez días después y así fue. Antes había dicho:
“La Fiesta de la Divina Misericordia se realizará”

Para orar delante de esta imagen de Jesús Misericordioso venía también un trabajador de un pueblo vecino, el joven Karol Wojtyla, que llegaría a ser Obispo de Cracovia en 1965. En la Fiesta de la Misericordia, 18 de abril de 1993, el Santo Padre Juan Pablo II elevó a Sor Faustina a la gloria de los altares. La canonización tuvo lugar en la Fiesta de la Divina Misericordia, 30 de abril de 2000 en la Plaza de San Pedro en Roma.
Durante esa solemnidad el Santo Padre Juan Pablo II instituyó la Fiesta de la Misericordia para toda la Iglesia y transmitió al mundo el profético mensaje de la Misericordia para el tercer milenio de la fe. Dos años después, encomendó al mundo a la Divina Misericordia.

Hoy, probablemente no hay ningún país sin la imagen de Jesús Misericordioso.