El Paseo

El Paseo

“Oyeron luego el ruido de los pasos
de Dios que se paseaba
por el jardín a la hora de la brisa,
y el hombre y su mujer se ocultaron de la
vista de Dios por entre los árboles del jardín.
Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»
(Génesis 3,8-9)

En el capítulo 3 del Génesis, nos encontramos el impresionante relato de la caída, la serpiente tienta a Eva y ésta a Adán, ambos caen al comer del fruto del árbol y su visión del mundo y de Dios cambia de momento: “se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos“. Y justo a continuación, se produce un cambio de escena tremendamente curioso, vienen nuestros versículos escogidos para reflexionar sobre ellos: un Dios que se pasea por el jardín a la hora más plácida, la hora de la tarde cuando ya ha pasado el calor del mediodía y la brisa hace el paseo más agradable. Verdaderamente curioso, si tuviéramos música habríamos pasado de un Beethoven, que nos marca la tensión creciente con la tentación de la serpiente que culmina en la tragedia de la caída, a un Mozart con la alegría plácida y bucólica del paseo agradable en medio de la belleza sublime que representa el jardín.
Son muchos los relatos de la Biblia que no nos presentan una verdad histórica ni mucho menos científica, estos relatos, como es el caso del pasaje que meditamos, expresan la verdad espiritual de una enseñanza que nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos, y a “comprender” mejor a Dios y su relación con nosotros. Creo que no debemos contemplar el relato desde lejos, por el hecho de no ser histórico, por el hecho de ser una especie de cuento instructivo. No debemos renunciar a situarnos en medio de la escena y contemplarla desde dentro, así tendremos la oportunidad de maravillarnos al ver detalles que de otra manera habrían pasado desapercibidos. Si olvidamos por un momento la situación de Adán y Eva, y nos podemos centrar en lo que está haciendo Dios en esta escena, veremos una escondida y fantástica imagen del Amor de Dios.

Algo impresionante, el paseo a la hora de la brisa ¿por qué? ¿Qué hacia Dios paseando?

Dios se pasea por su creación, ¡qué imagen tan bonita! ¿Qué nos quiere trasmitir? Esta imagen nos habla de cómo es Dios, de su cercanía. Él no nos creó y se alejó, sino que le gustamos, Él se pasea por el jardín que nos hizo. No nos dice que vigila o hace la ronda, sino que pasea, lo que implica un placer, un disfrute y esto en Dios nos puede parecer extraño, a muchos seguro que les chirría esta idea, pero a mí me encanta. Un Dios que se pasea por su creación, que disfruta con ella (solo pensarlo me hace escapar la sonrisa). Y a este Dios, lo que más le gusta de todo es encontrarse con el hombre y la mujer, su obra maestra, porque podéis estar seguros que Él, en ese paseo lo que más ansiaba era encontrarse con nosotros, charlar, demostrarnos su cercanía, ser nuestro amigo (espero que no me quemen por decir esto), tal vez la idea no sea muy ortodoxa teológicamente, pero mi corazón sabe que es cierta, que Dios es así.

La ocurrencia me vino de la mano del recuerdo de mi suegro. Juan De Pacual fue un hombre que con 56 años quedó en silla de ruedas por un ictus, además no podía hablar ni entender las palabras, pero comprendía las situaciones, y conservaba los anhelos más arraigados, además de reconocer a las personas. Sabía jugar al dominó, manejar el mando de la televisión y más cosas. Resultaba especialmente curioso que si no tenía comprensión del lenguaje, ojeara el periódico con minuciosidad, supiera cuando jugaba su real Madrid y en qué canal lo televisaban, tenía muchas cosas curiosas. Pero había algo, que siempre me impresionó: era lo que anhelaba saludar a los antiguos amigos; cuando mi suegra o mis cuñados los llevaban de paseo en su silla de ruedas, cuentan como él les indicaba las calles por las que quería pasar, y si no lo hacían se enfadaba. Les costó un poco comprender lo que él quería, y no era otra cosa que saludar a antiguos amigos, parece ser que mi suegro recordaba lugares donde solían ir estos conocidos y él hacía que lo pasearan una y otra vez por esos sitios, la mayoría de las veces no encontraban a nadie, pero si algún día se producía el encuentro, él estallaba de alegría, saludaba con la efusión de quien ha conseguido un éxito incomparable, en el que en ocasiones no faltaban las lágrimas. A menudo el saludado se sorprendía y no poco, y aunque él no se considerase demasiado amigo para tanta efusión, la verdad que en no pocas ocasiones, terminaba visiblemente emocionado.

Yo imagino esa alegría en Dios, la alegría del encuentro con sus amigos. Cuando pensamos en Dios lo hacemos desde nuestra visión de las realidades que conocemos, de tal manera que pensamos en un Dios con unos sentimientos parecidos a los nuestros. Bueno, pues yo pienso que esto es una buena idea, cuando le atribuimos nuestros mejores sentimientos. Pienso que sí, que Dios se alegra o se entristece, no solo nos quiere, sino que además le atraemos, le cautivamos, Él es el enamorado que busca encontrarse con su amada, nos ronda, cuando nos encuentra nos sonríe, nos dice algún piropo y le encanta que le contemos nuestras cosas cotidianas. Le gusta que nos echemos en sus brazos, que lloremos en su hombro, Él sabe llorar con nosotros y también se ríe, se ríe mucho con nosotros, Él “nos llama amigos”. Pero esa palabra es para Él mucho más que para nosotros.
Esta imagen puede parecer cómica e incluso, pensará alguno, que es irreverente. Curiosamente: ¿no se ha tenido durante cientos de años y sin ningún reparo la imagen también muy humana, de un juez severo, riguroso, muy justo, sentado en un trono alto desde el cual se dispone a juzgar? Allá abajo están la temblorosas criaturas espantadas por el temor y con la imagen del infierno en su cabeza. Parece que la única buena noticia, es que es un Dios misericordioso, pero esto solo les da un muy poquito de confianza a unos muy pocos, porque también se ha creado una imagen distorsionada, la imagen de una misericordia que es solo para los que se la merecen.

Puede parecer exagerado, pero creo que no lo es en absoluto, ya que utilizamos el razonamiento de que Dios es como nosotros, pero más, mucho más. Y como nosotros seríamos unos justicieros implacables, pues multiplicamos lo nuestro por mucho y ahí tenemos a ese Dios justiciero y terrible azote de pecadores. Esta idea ha sido en la historia, bastante ordinaria y aun hoy sobrevuela en no pocos ambientes cristianos y de otras religiones. Pero no,cuando Dios viene en nuestra búsqueda, siempre lo hace por Amor, Él no viene a castigarnos. El problema siempre está, en como nosotros lo esperamos.

Yo, por mi trabajo, no tengo una hora fija de volver a casa. De tal manera que ni mi esposa ni mis hijos saben de manera exacta cuando apareceré, pero tengo la costumbre de agitar las llaves cuando subo en el ascensor. Conservo el mismo llavero que compré como recuerdo en los Estados Unidos, hace ya más de veinte años y suena con un ruido muy peculiar, de tal manera que ese sonido llega a mi mujer y a mis hijos, incluso antes de que sean conscientes de que lo están oyendo. Es como escuchar los pasos de alguien que se acerca y reconocerlo: “papá está llegando“. Ante esta situación se dan distintas reacciones: mi esposa normalmente se alegra, pero los chicos depende, a veces no se inmutan, a veces se alegran, pero también pasaba, cuando eran pequeños, que alguno se asustaba o se escondía, por motivos que nos son fáciles de imaginar, se temen que se avecina tempestad y una buena reprimenda. Ahora, de mayores, van comprendiendo, la maravilla de tener un padre que volvía a casa, de escuchar el sonido del llavero, aunque a veces hiciera recordar el error o la falta cometida y no fuera un sonido muy agradable en este sentido, comprenden y comprenderán más con el tiempo, que era un gran don, la cercanía de papá, su implicación en la familia, aunque supusiera en ocasiones un castigo o una bronca, era sin duda misericordia, un amor cercano e implicado que a pesar de no ser en absoluto perfecto, es y seguro que será agradecido y valorado. Se sentirán alegres y dichosos por ese padre que volvía a casa, aunque reconozcan también tantos errores y deficiencias en él.

Cuanta más alegría tendremos porque el Padre Bueno de Amor infinito se haya paseado por nuestras miserias, haya venido en nuestra busca, nos haya llamado ¿dónde estás?
Dios ha venido a buscarnos, con anhelo infinito se ha echado a los caminos, por los que continuamente resuenan sus pasos en nuestra búsqueda. Dios, en Jesucristo, ha paseado por los caminos de Tierra Santa hace dos mil años, y hoy continúa paseando en tu corazón, ¿Escuchas sus pasos? ¿Oyes su voz?

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando, con sola su figura,
vestidos los dejó de hermosura.”

(del Cántico espiritual, San Juan de la Cruz)

Miguel Alacid   Miguel Alacid

 

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