El aleteo

El aleteo

Génesis 1,2
La tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo,
y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.

Nos situamos justo en el principio de la Biblia, y precisamente con esa palabra: ´en el principio` (en hebreo, la lengua en que fue escrita, se dice Beresit) comienza este primer libro de la Biblia que llamamos el Génesis. En el principio creó Dios los cielos y la tierra.-  Este es el primer versículo y a continuación, viene nuestro texto seleccionado para reflexionar sobre la Misericordia. Para poder adentrarnos en el significado de estas palabras, debemos conocer el contexto en el cual se escribe este libro, para así comprender y sobre todo desentrañar la conexión que estas palabras tienen con nuestra vida y con el tema que nos ocupa.

Los expertos parecen ponerse de acuerdo, en que los primeros cinco libros de la Biblia – lo que conocemos por Pentateuco – fueron escritos por uno o varios autores en el tiempo del destierro de Babilonia. Era el siglo VI a. de C. cuando los babilonios conquistaron Jerusalén, destruyeron el templo y deportaron a todos los ilustres de Israel. Tenemos que ponernos en la situación de estos autores y comprender lo que para ellos supuso esta deportación. Fue un hecho de una gravedad terrible, extrema; el pueblo de la ley de Moisés vivía con una referencia que marcaba absolutamente toda su vida. Esta referencia era el Templo, construido por Salomón, era el lugar donde estaba centralizada toda la vida del pueblo de Israel. Ser deportado, dejando atrás un Templo arrasado, supone una pérdida absoluta e irreparable, lo más terrible que les podía suceder les acaba de pasar. Así que podemos entender que esta referencia a que todo era caos, confusión y oscuridad, supone algo más que una creencia de lo que había cuando Dios comenzó a crear el mundo. Es una expresión de la situación de un pueblo en un momento concreto de su historia en el que sabe que lo ha hecho mal y se encuentra desesperanzado, hundido en el caos y la oscuridad.

Los autores del Génesis deseaban construir una memoria histórica del pueblo, con la esperanza de mantener el vínculo con sus raíces, en esta situación de exilio en una tierra extraña y hostil. Utilizaron diversos relatos de distintas tradiciones sobre la creación y su historia, y los unieron aportando su impronta personal que venía marcada por la situación que vivían en ese momento. De ahí, las distintas incoherencias y repeticiones que salpican el texto, que lejos de restar valor, añaden la opción de contemplar los relatos desde distintas perspectivas, aumentando las posibilidades de identificar nuestra situación personal en estos escritos.

Esto es lo que ha pasado con esta joya espiritual que admiramos en este segundo versículo del primer capítulo del Génesis. Por un lado, podemos contemplar una situación primaria donde todo está por hacer, la acción creadora comienza: la luz, el firmamento, la tierra firme y los mares, los vegetales, sol, luna y estrellas, los seres vivos, plantas, animales y finalmente el hombre. Toda esta acción creadora nos habla de un proceso progresivo y orientado hacia una perfección. Es una acción que nos sugiere cercanía, la cercanía de un Dios que modela como el alfarero, que se unta las manos, que se implica completamente en la acción; nos tocaron y modelaron sus manos amorosas, esto es misericordia, y ¿desde qué momento comienza esta Misericordia de Dios? Desde el principio, porque cuando todo era caos, confusión y oscuridad, Él ya estaba allí aleteando sobre las aguas. No existió tiempo sin Misericordia, ´nada se hizo sin ella`.

Cuando uno avanza en la vida espiritual y mira hacia atrás, tal vez tenga oportunidad de contemplar en la distancia, momentos de caos, confusión y oscuridad. Y desde esta nueva perspectiva que el hoy nos ofrece del pasado, se comprende una visión diferente de la que se tuvo en aquella época, ahora comprendemos de manera clara cómo Dios estuvo allí muy cerca, cuidándonos, acariciándonos, incluso cuando no creíamos en Él.

Cuando comenzaba mi adolescencia, yo ya me había declarado en rebeldía con el mundo, no estaba conforme con mi existencia, mis padres y la situación económica de mi casa no eran cosas que estuviera dispuesto a aceptar. Buscaba culpables y negaba la existencia de Dios porque no había justicia, alguien me había robado la felicidad. Pasé por situaciones difíciles y nada comunes para un chaval de 13-14 años. Insatisfacción y rebeldía dominaban mi alma, me encontraba solo, no comprendido y con muchas posibilidades de tomar un camino muy equivocado. A los 15 años esta situación comenzó a cambiar, en un proceso paulatino y sorprendente. El cambio parecía enorme pero en realidad no lo fue tanto, porque, ahora sé, que lo más grande que he tenido en mi vida nunca ha cambiado. Con la perspectiva de los años, comprendo con profunda alegría cómo jamás estuve solo, Él estaba siempre a mi lado, junto a mí, amándome con ternura infinita, cuidándome delicadamente, porque yo siempre fui su chico amado y esto no ha cambiado ni cambiará, porque Dios no se muda, Firme es su Misericordia por siempre.

Hoy comprendo que mi dicha no está en haber cambiado, en haber llegado a la integración, a ser marido y padre, y un buen trabajador, católico practicante y enamorado de Jesús. En realidad la gran dicha, el enorme don de Dios, siempre estuvo ahí, tan cerca de mí, porque ´un viento de Dios aleteaba sobre las aguas.` En la vida de una persona, jamás se podrá conseguir algo más grande que el ser el objeto de la Misericordia de Dios, que no es otra cosa que su cercanía total. ´Aleteando sobre las aguas` habéis visto esas aves que pasan tan a ras del agua que de manera delicada y con enorme belleza, llegan a tocar con las puntas de sus alas la superficie del agua y dejan a su paso esas pequeñas ondas simétricas al estilo de huellas. Ese es Dios, el toque de Dios, al aletear del Espíritu que, con finísima delicadeza e infinita ternura, me ama hasta donde ni siquiera me acerco a imaginar.

El pueblo de Israel tardó en comprender esta cercanía de Dios, pensaban que estando ellos lejos del Templo y este destruido, estaban lejos de Dios, no entendían que Él viajó con ellos a Babilonia, que Él habitaba en su Templo preferido: el corazón de su pueblo contrito y humillado. Los profetas fueron enseñando esta cercanía de Dios: que el pueblo no necesitaba un Templo donde ofrecer sacrificios y holocaustos, porque donde estuviera el pueblo allí estaría Dios. Porque desde el principio Dios siempre estuvo cerca, ´aleteando sobre las aguas`. De esta manera la conciencia de un Dios cercano fue creciendo y preparaba el camino a la máxima expresión de cercanía y Misericordia, al Mesías, a Cristo.

El recuerdo de aquellos tiempos de caos, confusión y oscuridad, resulta especialmente provechoso para los momentos de crisis. Como le pasó al pueblo de Israel en el exilio, en esos momentos es bueno contemplar el recuerdo de que ya en épocas anteriores de mi historia personal, cuando me creí solo y abandonado, la realidad era bien distinta, porque Él estaba allí, su Misericordia aleteaba sobre mi caos y mi oscuridad.
Por eso no desesperemos nunca, Dios está cerca de cada uno de nosotros especialmente cuando le creemos lejano. Especialmente cuando nos sentimos solos, abandonados, no amados y no deseados.

Ese es el momento de la Misericordia, el Amor de Dios muy cercano, tan cercano como dentro mismo, de nuestro corazón.

´¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y ves que Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba.`(Confesiones, San Agustín)

Saludos y oraciones.

Miguel Alacid

Miguel Alacid.

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>