De Fátima a Medjugorje: el triunfo de María

La Virgen prometió en Fátima: «Al final mi Inmaculado Corazón triunfará». Este triunfo comienza a manifestarse con mayor evidencia en Medjugorje, que fue calificado por San Juan Pablo II como «el mayor centro espiritual del mundo». El papa polaco también afirmó: «Medjugorje es la continuación de Fátima».
Para alcanzar su triunfo en el mundo, la Madre del Buen Consejo nos da unas directrices a lo largo de sus mensajes, las cuales nos harán ganar la desigual batalla entre nosotros y el Mal. Fueron resumidas por el padre Jozo en cinco puntos a los que llamó “piedras” haciendo alusión a los rudimentarios proyectiles preparados por el pequeño David para enfrentarse al gigante Goliat. Son: Eucaristía como centro de nuestra vida, confesión mensual, rezo diario del Santo Rosario, lectura diaria de la Biblia y ayuno.

Expondremos un par de ejemplos de cómo actúa la Triunfante Pedagogía de la Virgen.
Al comienzo de las apariciones, el vidente Jakob, de diez años de edad, hizo el firme propósito de rezar un Rosario completo. Había ya rezado un avemaría cuando sus amigos lo llamaron para jugar al fútbol. El cansancio le venció cuando, ya en casa, se propuso continuar con el Rosario. Al llegar la hora de la siguiente aparición, temía recibir una reprimenda de la Señora. Esta se limitó a decirle con dulzura: “Muchas gracias por el avemaría que rezaste ayer. Ha servido para salvar a un alma”.

Desde entonces Jakob reza diariamente el Santo Rosario completo.

El 2 de agosto de 1981 la Virgen convocó a los videntes a una aparición extraordinaria: «Id a la era de Gumno. Una gran batalla está a punto de entablarse entre mi Hijo y Satanás».
Los videntes, seguidos de unos cuarenta lugareños, acudieron a aquel lugar, una extensión aislada de terreno arcilloso donde se trillaban las mieses. Estaban orando arrodillados cuando se les apareció la Virgen. Algunos de los presentes habían solicitado a los videntes que preguntaran a la “Gospa” (Señora) si les permitiría tocarla, dado que no podían verla. La respuesta de María fue: “Que se acerque quien así lo desee”.
Recuerda Mirjana, una de las videntes, en su libro Mi corazón triunfará (LibrosLibres):

Uno a uno, fuimos tomando sus manos y guiándolas hasta tocar el manto de Nuestra Señora. La experiencia nos resultaba extraña a los videntes. Era difícil asimilar que solo nosotros pudiésemos ver a la Virgen. Desde nuestra perspectiva, guiar a los presentes hasta tocarla era como guiar a los ciegos. Quedaban fascinados, sobre todo los niños. Algunos manifestaron sentir una sensación como de electricidad, y otros eran presa de una fuerte emoción. Pero, a medida que iban desfilando los que tocaban a la Virgen, comencé a advertir unos lamparones negros en el manto, los cuales acabaron cuajando en una gran mancha color carbón.
—¡El manto!—exclamó la vidente Marija.
—Las manchas representan los pecados que nunca han sido confesados —afirmó Nuestra Señora. Y desapareció de repente.

Tras orar un rato en la era, ya oscurecida, los videntes contaron lo sucedido, y reinó la pesadumbre entre los presentes. Al día siguiente se formaron colas en los confesionarios.
La batalla la había ganado Jesús.
Desde entonces hasta ahora, el número de confesiones no cesa de aumentar en la aldea bosnia.
San Juan Pablo II llamó a Medjugorje «el Confesionario del Mundo».

Haciendo cola para confesarse

Haciendo cola para confesarse

 

 

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