Como mujer

Como mujer

Querido lector,

Como mujer, he sentido necesidad de expresarme ante las nuevas corrientes feministas que, haciendo cada vez más ruido, elevan su voz para representar a la mujer, porque… ¡a mí no me representan! Por no hablar de los últimos manifiestos “femeninos” que en un par de días acaparan la atención de todos los medios. Suspiro.

En tiempo de confusión no podemos callar, porque si no, en cierto modo consentimos.
De verdad, creo que este mundo debería pararse un momento a pensar qué está haciendo y por qué lo hace, a ver si en un momento de silencio conseguimos la inspiración interior. Porque lo que necesita el ser humano, no es “la guerra de los sexos”, sino volver a humanizarse, y dejarse de prejuicios ideológicos que nada tienen que ver con la razón práctica.

El feminismo en su origen era correcto: la mujer reclamaba en justicia su papel en la vida. Pero “el feminismo radical” de hoy no tiene nada que ver. Y, como decía el Papa Francisco: “para afrontar el futuro hay que tener memoria y trabajar en el presente”. Hagamos memoria: ¿qué ha sucedido en este tiempo? Pues que situaciones que antes llamaban la atención, las hemos instalado en la normalidad. Comparto, muy por encima, algunos datos que obtuve gracias al Pontificio Instituto Juan Pablo II.

– Años 60: se produce la primera ruptura entre sexualidad y concepción.
– Años 70: otra ruptura importante, ahora entre sexualidad y matrimonio: “El amor
libre”
. Aquí, lo importante es el sentimiento; “lo que yo quiero”. Se desarrollan
incluso leyes que crean normativas a nivel mundial.
– Años 80: otra ruptura, que es como la década anterior pero al revés: ahora aparece la
procreación sin sexualidad. Ya no hace falta tener ninguna
relación sexual para procrear. Aparece la fecundación in vitro.
– Años 90: una nueva ruptura, la sexualidad queda escindida del amor.“Libre del
amor.”
Ya no hace falta quererlo. Sexo libre.

Miramos hacia atrás, y da miedo pensar en lo que está por venir. Salvo que, por un milagro, seamos capaces de abrir los ojos del alma y de darnos cuenta de que este es el resultado del sometimiento de la persona a “otros intereses” que acaban desvirtualizando la naturaleza humana. Vivimos en una sociedad totalmente emotiva, donde parece que lo importante no es la persona completa sino su nivel emocional.

Y no comento en detalle la nefasta influencia de los medios de comunicación, de la pornografía que destroza el amor, etc. “Deseos” que se han elevado a categoría legal. “El lenguaje” utilizado para engañar, y claro, como todos somos “tolerantes y modernos”, hacemos nuestro un lenguaje destructivo.

Bueno, de todo esto se podría escribir un libro, y espero que alguien lo haga, porque falta hace.

Lo que necesitamos ahora, no es ni “puritanismos” que no reflejen la verdad sobre lo que es el ser humano, ni “feminismos radicales” que beban de las fuentes marxistas de la lucha de clases, donde ahora no es el obrero sometido al patrón, sino la mujer sometida al hombre y hay que luchar. Atención, que el punto principal para liberar a la mujer es atacar la maternidad. Y, ¿por qué no liberar a la mujer en su propia naturaleza? Que puede tener hijos, y esto es un bien común. Pues no.

El hombre no es nuestro enemigo. Me cuentan que, Juan Pablo II repetía mucho una cita que a mí me gusta mucho: “En toda guerra se anteponen las cosas a las personas.” Pues, es así. Que no nos engañen, esta verdad está inmersa también en esta guerra de los sexos.

Lo que necesitamos como seres humanos es profundizar en nuestra vida interior, y no estar en pugna por ver quién saca más la cabeza. Algo taaaaan contrario al amor. Empoderamiento, le llaman.
Necesitamos una antropología adecuada. Porque según aquello que creamos que somos como personas, así actuaremos.

Un cristiano sabe, que él es mucho más que un instinto. Que somos una unidad inseparable de cuerpo y alma. Su separación es nuestra muerte. No tienes un cuerpo, eres un cuerpo, porque el espíritu encarnado en el cuerpo es tu persona. Cuando tu cuerpo se emancipa de tu espíritu, es que te has muerto.

Hombres y mujeres somos iguales en dignidad, pero diferentes. Una ayuda complementaria para vivir una misión: la vida. Lo que Dios ha hecho igual en dignidad, el hombre no lo puede degradar. Pero, por favor, lo que Dios ha diferenciado, el hombre tampoco lo puede igualar.

Parte del sufrimiento que contemplo hoy en muchas mujeres, procede de lo que les han hecho creer en nombre de su liberación, y no es verdad. Pero, la mujer que busca, es poderosa en el terreno espiritual.

Mujeres, el mundo necesita la manifestación del “genio” femenino que, junto con el hombre, asuma
¡la responsabilidad común por el destino de la humanidad!

2 Comentarios

  1. “El hombre es mucho más que un instinto……..la separación de cuerpo y alma supone la muerte”
    ¿Cómo acabaría un hombre sin espiritualidad? ¿En un ser solitario. En un depredador……?
    “Lo que Dios ha hecho igual en dignidad, el hombre no lo puede degenerar, lo que Dios ha diferenciado, el hombre tampoco lo puede igualar….”
    !Que hermosa es la feminidad, vivida y aceptada como una realidad completa! Aunque no se alcance la maternidad física, tal vez la supere otro tipo de maternidad.
    !Que hermoso es aceptar la masculinidad en esa función complementaria!
    La ausencia de paternidad física, no disminuye el sentido más noble y más limpio de la masculinidad.

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    • Cierto, querido José Antonio.
      La belleza del amor auténtico brilla por sí misma iluminando la verdad. Gracias.

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