María Magdalena

María Magdalena

DE MUJER MARGINADA A DISCÍPULA DE JESÚS La imagen de Santa María Magdalena fue cambiada a lo largo de la historia, especialmente en nuestra tradición occidental. A nuestro arte occidental más reciente, no el medieval, le ha gustado representar a María Magdalena como una prostituta arrepentida, con los cabellos sueltos, casi siempre pelirroja, postrada en el suelo y haciendo penitencia. Una imagen que no refleja la verdadera identidad de una de las primeras discípulas de Jesús, la que fue instruida por Jesús, junto a las otras mujeres, en los misterios del Reino de Dios. La primera testigo de la resurrección y la encargada de ir a los apóstoles a anunciar que Jesús había resucitado como les había dicho cuando estaba con ellos. Tenemos que recuperar la imagen de una mujer al servicio del primer anuncio evangélico, volver a la imagen que delinean los Evangelios y los datos arqueológicos que están apareciendo en las excavaciones de la ciudad de Magdala. La imagen de la prostituta viene de identificar de manera apresurada a María Magdalena con alguna de las mujeres prostitutas que aparecen de manera anónima en los Evangelios. Un anonimato que responde a la discreción, pues algunas de estas mujeres eran en el momento en el que se escribieron los Evangelios, evangelizadoras en las primeras comunidades cristianas. Pero de todas formas, si lo fue,  no creo que sea lo que más hay que señalar en ella según la imagen que pintan los evangelios. Santa María Magdalena fue una mujer rota y marginada por la que nadie había podido hacer nada, hasta que se encontró con Jesús. Los “siete demonios” que...
Decálogo de la Felicidad

Decálogo de la Felicidad

Queridos amigos: Hoy – Solemnidad de TODOS LOS SANTOS – Jesús nos presenta en el Evangelio de las Bienaventuranzas el camino que conduce a la santidad, a la verdadera felicidad. Es un Decálogo: DECÁLOGO DE LA FELICIDAD 1. Si cambias el proyecto de tu vida de acaparar con avaricia, por el de compartir lo que tienes, serás feliz. 2. Si te duelen las lágrimas de los que sufren y les ayudas y consuelas, serás feliz. 3. Si no te crees superior a los demás y eres sencillo y humilde, serás feliz. 4. Si rezas de verdad “hágase tu voluntad” como lo hacía Jesús, siempre obediente al Padre, serás feliz. 5. Si eres compasivo y ayudas al necesitado, Dios se compadecerá de ti y serás feliz. 6. Si perdonas de corazón a quien te ha ofendido, serás feliz. 7. Si eres sincero y transparente, con un corazón limpio, serás feliz. 8. Si miras a los otros con los ojos misericordiosos de Dios, serás feliz. 9. Si en esta sociedad, llena corrupción, de rupturas y divisiones, tiendes puentes de reconciliación, de justicia, y de paz, serás feliz. 10. Si estás dispuesto a sufrir persecución por la fe y por cumplir la voluntad de Dios, tendrás la alegría del Reino y serás feliz. Dios nos quiere Santos, nos quiere … ¡FELICES! D. Julio García...
La meditación cristiana

La meditación cristiana

      Algunas veces cuando hablamos de meditación hay quien identifica esto con la religiosidad oriental como el budismo o con algunos de los grupos de la nueva era. Hay también quien entiende por meditación sólo un estilo de vida, una búsqueda de serenidad y quietud para vivir con más armonía en medio de nuestra dispersión. Meditación se asocia con términos como mindfullness, silencio, paz interior y otros, en el sentido de una espiritualidad laica y universal. Y no son pocos los que buscan esto, pues no han encontrado respuesta en nuestro contexto católico, tan centrado algunas veces en tradiciones, ritos, y preceptos morales. Buscan un modo de pacificación interior que les ayude a encontrarse consigo mismos, tal vez, después de no pocas frustraciones o desengaños. Buscan un silencio que les libere de algunas palabras engañosas. (Jr 7,4) Entre algunos católicos existe una clara prevención ante la palabra “meditación”, y trazan rápidamente una frontera. Parecen más preocupados por la exterioridad de formas religiosas y el peso social de éstas que por crecer espiritualmente desde una interioridad.  No saben o se olvidan que la “meditación” es necesaria para acoger el Reino de Dios en medio de nosotros. Y esto es así desde el inicio de la primera misión de la Iglesia, cuando Jesús mandó a los setenta y dos discípulos de dos en dos. (Lc 10,1-9) Estos discípulos, después de hablar de Jesús y de manifestar los signos del Reino entre la gente, debían decir: “El Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Y la acogida de este Reino que ha llegado sólo es posible comenzando por nuestro corazón...
Amar al Amor

Amar al Amor

Jesús preguntó a los doce: –¿También vosotros queréis marcharos? Simón Pedro le respondió: -Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios. Si hubiésemos estado en el momento en que tuvo lugar esta escena recogida en el Evangelio de San Juan (Jn 6, 67-69), habríamos podido ver la mirada que Nuestro Señor posó en cada uno de los Doce: no sólo en sus rostros, sino, sobre todo, en sus corazones. Pues Dios sondea los corazones y conoce lo que hay en el interior de cada uno. Como en tantas otras ocasiones, el Señor buscaba con esas palabras una respuesta personal en cada uno de ellos, respetando su libertad: no en vano, momentos antes, muchos de los discípulos que iban con Él lo habían abandonado porque juzgaban que la doctrina que les enseñaba era “inadmisible”. Aquí tendríamos un buen punto de reflexión para nuestra vida cristiana. Estas palabras también nos las dirige a nosotros, al fondo de nuestro corazón: ¿hasta qué punto llega nuestro amor por Él?…o, planteado de otro modo, ¿hasta qué punto se ha enfriado nuestro amor por Él? Como San Pedro, también nosotros debemos tener claros los motivos para confiar en Él, para esperar en Él, para amarle con un corazón decidido y agradecido. Pero para tener claros los motivos, es necesario responder antes la cuestión decisiva que Nuestro Señor les formuló en otra ocasión: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mt 16,15). Aquí está la raíz de la que dependerá la solidez y la fecundidad de nuestra vida cristiana: otra piedra de toque para...
El Paseo

El Paseo

“Oyeron luego el ruido de los pasos de Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Dios por entre los árboles del jardín. Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» (Génesis 3,8-9) En el capítulo 3 del Génesis, nos encontramos el impresionante relato de la caída, la serpiente tienta a Eva y ésta a Adán, ambos caen al comer del fruto del árbol y su visión del mundo y de Dios cambia de momento: «se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos«. Y justo a continuación, se produce un cambio de escena tremendamente curioso, vienen nuestros versículos escogidos para reflexionar sobre ellos: un Dios que se pasea por el jardín a la hora más plácida, la hora de la tarde cuando ya ha pasado el calor del mediodía y la brisa hace el paseo más agradable. Verdaderamente curioso, si tuviéramos música habríamos pasado de un Beethoven, que nos marca la tensión creciente con la tentación de la serpiente que culmina en la tragedia de la caída, a un Mozart con la alegría plácida y bucólica del paseo agradable en medio de la belleza sublime que representa el jardín. Son muchos los relatos de la Biblia que no nos presentan una verdad histórica ni mucho menos científica, estos relatos, como es el caso del pasaje que meditamos, expresan la verdad espiritual de una enseñanza que nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos, y a «comprender» mejor a Dios y su relación con nosotros. Creo que...