Peregrinos

Peregrinos

Querido lector, Si bien el mes de mayo siempre ha sido un mes dedicado a honrar a Nuestra Madre del Cielo, la Virgen María, este mes – creo yo – ha sido incluso de un peregrinar mayor cogidos de Su mano, hacia el mes de junio – que ya se acerca, y que con tanto anhelo esperamos – del Sagrado Corazón de Jesús, Centenario de la Consagración de España al Corazón de Dios. Un tiempo de preparación. Nadie ha de preocuparse si no ha viajado este mes, pues visitar a Nuestra Madre se puede hacer en cualquier Santuario, Ermita o Parroquia cercana… pero es ante todo un viaje interior: un sentirse hijo pequeño, necesitado, un dejarse mirar, un abrir el alma desde la humildad… «Madre, si estás ahí…» Y el resto, ya es muy personal, como las relaciones de los hijos con sus madres, que no hay ninguna igual a otra, a pesar de ser todos familia. ¿Acaso no es así? Unos hijos pasan más tiempo con la Madre, otros menos, los hay que se olvidan enredados en «sus vidas»… pero una Madre no se olvida de sus hijos… y, aunque por la dureza de nuestros corazones una madre humana fuera capaz de hacerlo, la Madre del Cielo no, nunca, jamás. Los hijos que pasan más tiempo con la Madre, aprenden a reconocerla. Ella va siempre por delante, nos mira con misericordia, y nos ve pequeños… muy pequeños. A veces, dañinos y ofensivos, pero Su Inmaculado Corazón comprende nuestras heridas interiores, defectos, debilidades y pecados ¡mejor que nosotros mismos! Ella sabe que nos falta el Amor de Dios… el único...